viernes, 22 de julio de 2011

CAPÍTULO 38

CAPÍTULO XXXVIII







MÉXICO D.F.


Su corazón late violentamente mientras avanza casi corriendo hacia la cafetería del hospital, donde divisa a los dos hombres en una mesa. Ambos permanecen con el semblante serio mientras hablan, lo que la preocupa sobremanera; consciente de que probablemente ya era tarde, Julio ya sabía que tenía un hijo.
Se acerca lentamente hacia donde ellos están, con el alma en vilo y el corazón encogido por la pena. Ninguno de los dos parece percatarse de su presencia.


-Lamento interrumpir la conversación – anuncia Macarena (Lucía Méndez) con una calma que estaba lejos de sentir.


-Macarena, ¿qué haces aquí? – pregunta Julio (Otto Sirgo) mirándola sorprendido.


Macarena mira a su hijo sorprendida, él le devuelve una media sonrisa.


-¡Qué bueno que llegaste, ma! El señor Moncada y yo estábamos platicando acerca los problemas de su constructora – anuncia Fernando (José María Torre) sonriendo.


-¿Ma? – pregunta Julio intrigado. Su mirada se vuelve hacia Fernando para observarlo con detenimiento, aquellos ojos, aquel perfil… había algo en él que le resultaba tan familiar desde el momento en el que lo había visto en la constructora.
Se incorpora sobresaltado ante  la magnitud de su sospecha, su mirada viaja desde Fernando hasta Macarena, quien baja la mirada con tristeza.


-Creo que lo mejor será que los deje solos… - anuncia Fernando incorporándose – estaré en la sala de espera –se acerca a su madre para darle un cariñoso beso en la mejilla y se aleja de allí, dejando un tenso silencio a sus espaldas.


-Lo siento… - murmura Macarena conmocionada, incapaz de mirarlo a la cara.


-Macarena, dime que no he vivido todos estos años creyendo falsamente que jamás tendría un hijo biológico… dime que ese muchacho no es lo que creo que es… - dice Julio con la voz entrecortada por la perturbación.  


-Será mejor que nos sentemos… tenemos muchas cosas de las que hablar… - anuncia Macarena tomando asiento. Él asiente, sentándose frente a ella.


-¿Y bien? – pregunta con impaciencia.


-Hace 28 años me fui de éste país sola y embarazada, creyendo que estabas de viaje con otra mujer y que me habías mandado entregar un sobre con dinero para que me deshiciera del bebé… - relata Macarena, con calma, cuidando sus palabras.


-¿Cómo es posible? Yo… yo te prometí que te buscaría a mi regreso… yo jamás haría algo así Macarena, ¿cómo pudiste pensar algo semejante? – el dolor que transmitían las palabras de Julio cala hondo en el corazón de Macarena, reavivando el suyo propio.


-Yo estaba desesperada… llevaba semanas sin noticias tuyas… así que fui a ver a tu madre y ella… - respira hondo para tratar de evitar el llanto, todo aquel sufrimiento que creía haber dejado atrás amenazaba con volver a hundirla en la desesperación.


-¿Mi madre? – pregunta Julio aturdido, de pronto su mente viaja en el tiempo, 28 años…

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Todavía sentía que las piernas le flaqueaban por el esfuerzo, después de pasarse casi tres meses en una cama, el caminar se le hacía agotador. Pero no importaba, el verla a ella era el aliciente que necesitaba para poner fin a su convalecencia, sin embargo su esfuerzo había sido en vano; los vecinos le habían informado de que Macarena ya no vivía en la vecindad.


-¡Hasta que llegas! ¿Se puede saber de donde vienes? – pregunta doña Prudencia (Jacqueline Andere) saliendo de la sala, con un rictus amargo en su rostro.


-No empieces mamá… no soy ningún inválido, además el doctor me dijo que ya podía comenzar a hacer vida normal… - responde Julio con acritud.


-También te dijo que no era conveniente que salieras solo… - replica doña Prudencia. –  Fuiste a buscar a esa, ¿verdad? – pregunta con amargura.


-No es asunto tuyo… - dice Julio molesto, dirigiéndose hacia las escaleras.


-Claro que lo es… ¿cuándo vas a entender de que lo único que busca de ti esa muchacha es tu dinero? – pregunta Prudencia con fingida angustia.


-Macarena no es esa clase de mujeres mamá… - responde Julio volteando para mirarla, con furia.


-Estás tan ciego… Julio… apuesto a que no la encontraste en la vecindad, ¿me equivoco? – pregunta Doña Prudencia con calma.


-¿Cómo lo sabes? ¿Quién te dijo? – pregunta Julio angustiado.


-Lo supe porque la mandé buscar… quería contarle de tu enfermedad… - responde Prudencia suspirando, Julio observa a su madre con una mezcla de incredulidad y sorpresa. – No me mires así… no soy tan desalmada como crees… - añade. – Pero el caso es que me enteré de que ya no vivía allí… al parecer no te quería tanto como decía, no quiso esperarte… - afirma con rotundidad.

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-No puede ser… - Julio hunde la cara entre las manos, abatido.


-Me temo que los dos fuimos víctimas de la intolerancia de tu madre… - dice Macarena con amargura – todos estos años creí que me habías hecho a un lado como una muñequita rota, que había sido para ti solo un pasatiempo… - añade con pesar.


-Yo jamás te abandoné… lo que ocurrió fue que caí enfermo… yo… - trata de explicarse Julio, con ansiedad.


-Lo sé… Higinio me contó… - lo interrumpe Macarena, respira hondo – no sabes lo que supuso para mí el darme cuenta de que había vivido todos estos años en una mentira… abandoné mi país para buscar un futuro mejor para mi hijo, lo dejé todo atrás con el corazón roto, creyendo que eras el peor de los hombres… - añade.


-Ahora entiendo tu reacción cuando nos reencontramos… - afirma Julio, con pena. La mira, con los ojos brillantes por las lágrimas que pugnaban por salir. – Así que… tengo un hijo… - murmura emocionado.


-Sí… - Macarena sonríe entre lágrimas, acerca su mano a la de él para estrecharla con cariño, tratando de reconfortarlo.


-Tengo un hijo… - repite Julio emocionado, incapaz de contener las lágrimas por más tiempo.



SAN CAYETANO



La espera la estaba matando, durante el trayecto hasta el pueblo su madre no había recobrado la consciencia, disparando sus miedos. No podía perder a su madre en aquel momento, la necesitaba a su lado, todavía tenían muchas cosas que tenían que decirse; si algo le pasaba por su culpa, jamás podría perdonárselo.


-Tu madre va a estar bien, no te preocupes… - asegura Mauricio (Fernando Colunga) con calma.


Estaba tan preocupada por el estado de salud de su madre, que se había olvidado por completo de la presencia de Mauricio, quien la observaba desde su asiento mientras se movía de un lado a otro de la sala de espera.


-¿Ah sí? ¿Cómo lo sabes? No… espera… no me lo digas… resulta que también estudiaste medicina en los Estados Unidos… - replica Regina con cinismo. Mauricio sonríe con cinismo al tiempo que se acomoda en la silla – Todo esto es por tu culpa, por esa estúpida obsesión tuya de atormentar a los miembros de mi familia, pero escúchame bien – se acerca a él – si algo le pasa a mi mamá, te juro que te vas a arrepentir – añade mirándolo amenazante. Mauricio le mantiene la mirada, sin decir nada.


-Señores Galván… - anuncia el doctor entrando en ese momento en la sala. Regina se apresura a acercarse a él, angustiada.


-¿Cómo está mi mamá? – pregunta Regina conteniendo la respiración. Mauricio se incorpora para situarse junto a ella.


-Su mamá se encuentra bien, ha sufrido un ataque de ansiedad… le suministramos un ansiolítico y ahora se encuentra descansando – responde el doctor con calma. Regina suspira con alivio. – Vamos a dejarla esta noche aquí, para tenerla más controlada ya que tiene la presión por las nubes… sería conveniente que tratara el problema con su doctor de cabecera – añade el doctor.


-Sí, no se preocupe… ella ya está siguiendo un tratamiento para sus nervios… - asegura Regina.


-En tal caso, quizás necesite una medicación más fuerte… para evitar que algo así puede suceder, un ataque de ansiedad de éste calibre podría afectar al corazón – afirma el doctor.


-Sí, doctor… somos conscientes, nos ocuparemos que la revise el mejor psiquiatra de la capital – interviene Mauricio.


-Siendo así, me retiro… pueden entrar a ver a la paciente cuando gusten – anuncia el doctor antes de abandonar la estancia.


-¿Por qué dijiste que la íbamos a llevar al psiquiatra? - Regina encara a Mauricio molesta.


-Pues porque tu mamá tiene algo más que un problema de nervios… - replica Mauricio con calma.


-Sí… probablemente tengas razón… últimamente mi mamá actúa de forma extraña… a veces siento… siento como si no la conociera… - reconoce Regina en un murmullo, con pesar.


Mauricio se acerca a ella para estrecharla entre sus brazos, ella cierra los ojos y apoya la cabeza en su hombro. Era increíble como en un solo momento podía pasar de detestarlo con toda su alma a necesitarlo con tanta urgencia. Entre sus brazos se sentía en paz, protegida; como si el mundo se detuviera y ya no existiera nada más que ellos dos.


-¡Hasta que al fin se dignaron a aparecer! – escuchan una voz cargada de resentimiento a sus espaldas. Se separan intrigados para enfrentar la mirada cargada de reproche de Arturo Hidalgo.


-Mauricio, ¿quién es este hombre? – pregunta Regina irritada por su brusca interrupción.


-Este hombre es Arturo Hidalgo… el papá de Aura… - responde Mauricio molesto. – Que está aquí para reclamarme que no le respondiera a su hija, ¿no es así? – pregunta con desdén. Regina vuelve su atención de Mauricio a Arturo, sorprendida.


-¿Y lo dices así? ¿Con ese desprecio?  Te creía un hombre digno, honesto y respetuoso Mauricio Galván… pero veo que no eres más que un patán… - responde Arturo airado.


-¿Respetuoso? A buen puerto va usted… - murmura Regina burlonamente.


-Lo cierto es que no era mi intención llegar a este punto con usted… - Mauricio se aparta de Regina para avanzar unos pasos y encararlo. – Siempre he creído que usted es un buen hombre… y que también era consciente de que su hija está demasiado mal acostumbrada a manejar a todo el mundo a su antojo… pero a mí nadie me maneja, señor Hidalgo… y desde un primer momento le aclaré a su hija que no quería nada serio con ella. Bastante hice con no botarla de la hacienda cuando se presentó sin aviso – asegura Mauricio irritado.


-La ilusionaste… te metiste con ella y jugaste con sus sentimientos aún sabiendo lo mucho que ella te quería – afirma Arturo fuera de sí.


-Jamás he jugado con su hija… ella sabía perfectamente lo que yo quería y no puso objeción. Si tengo que pedir disculpas por algo, es por tenerle demasiado paciencia… debería haberlo avisado antes para que viniera a recogerla para llevársela de aquí… ese fue mi error; pero no me culpe de la locura de su hija, porque la culpa es suya por consentirla tanto - dice Mauricio enojado.


-¡Óyeme cretino! ¿Quién demonios te crees que eres para acusarme a mí de mal padre? – pregunta Arturo encolerizado.


-Me creo el hombre que tuvo que soportar los berrinches de su hija… quien no contenta con acosarme, montarme pataletas y meterse donde no la llaman, se presentó en casa de mi esposa para mortificarla cortándose las venas frente a ella, haciendo que arriesgara su vida para arrebatarle el cuchillo de las manos y salvarla… - responde Mauricio furioso, el solo recordar la escena que había presenciado al regresar de la comandancia le hervía la sangre. – Así que háganos un favor a ambos y deje ya el papel de padre ofendido para centrarse en su hija, que verdaderamente necesita ayuda urgente – se vuelve para agarrar a Regina de la mano – salgamos de aquí, el ambiente está demasiado cargado para mi gusto – añade arrastrando a una aturdida Regina tras de sí.


Arturo respira hondo mientras las palabras de Mauricio se repiten en su mente.  Quizás no iba del todo desencaminado al culparlo del carácter caprichoso y obsesivo de su hija, tal vez iba siendo hora de tener una conversación seria con su hija.




Regina se detiene bruscamente en el pasillo de la clínica, obligando a Mauricio a hacer lo mismo.


-¿A qué demonios ha venido eso? – pregunta todavía aturdida por lo sucedido.


-Aura ha decidido echarnos a su papito rabioso en un intento desesperado por hacer que le cumpla… Miguel Ángel ya me había advertido de que ese hombre me estaba buscando – responde Mauricio, todavía podía vislumbrarse un deje de enojo en sus palabras.


-¿Qué hizo qué? ¡Desde luego, esa mujer no sabe lo que es la dignidad! – exclama Regina indignada. – Todavía no entiendo qué fue lo que viste en ella – añade molesta.


-En estos momentos no tengo ganas de discutir contigo, así que vamos a dejar el tema  – replica Mauricio con calma. – Tengo que ir a la comandancia para ver como sigue la investigación del incendio… y hablando de investigaciones, te recuerdo que te fuiste de Acapulco sin prestar declaración sobre Antonio Malaquides, así que les he dicho que les mandarías una declaración jurada sobre lo sucedido – le informa.


-Ya… entiendo… lo haré en cuanto vuelva a la hacienda - murmura Regina pensativa – por cierto, creo que hay algo que deberías saber… se trata del supuesto testimonio que usaron para inculparte del incendio  – anuncia. Mauricio la mira con un brillo de curiosidad en su mirada.



MÉXICO D.F.


Se acerca lentamente a Fernando (Jose María Torre), quien se halla de espaldas a él, observando a través del ventanal de la sala de espera. Macarena (Lucía Méndez) y él habían conversado, largo y tendido, tratando de cerrar las heridas del pasado para mirar hacia el futuro sin pesares ni remordimientos. Ahora podrían mirar hacia atrás para recordar con una sonrisa nostálgica aquel amor tan hermoso y puro que los había unido, el cual había sido bendecido con un hijo; un hijo que los uniría de por vida.
Todavía quedaban muchas cosas por hacer y decisiones que tomar, entre ellas el reconocer a Fernando como su hijo y recuperar el tiempo perdido, algo que estaba dispuesto a hacer a partir de ese mismo momento.


-Hijo… - las palabras salen de sus labios de una forma natural, provocándole una emoción que lo llena de esperanza.


Fernando se vuelve para mirar de frente a aquel hombre que hasta hacía bien poco no era más que un desconocido para él. Sin embargo, no puede evitar avanzar para refugiarse en su caluroso abrazo, sintiéndose otra vez aquel chiquillo que tanto ansiaba un abrazo de su padre; un abrazo que había tardado 28 años en llegar pero que en aquel momento lo colmaba de dicha.
Macarena sonríe emocionada, con lágrimas en los ojos, mientras contempla la conmovedora escena.





Unas cuantas plantas más arriba, en una de las habitaciones del hospital Saúl (Eduardo Santamarina) permanece con la mirada perdida, mientras deja que Zoraida (Ingrid Martz) termina de colocarle la almohada tras de su espalda, para acomodarlo.


-Ya verás como así estás más cómodo… - afirma Zoraida sonriendo. A pesar de que Saúl apenas parecía darse cuenta de su presencia, no podía evitar sentirse dichosa por  estar cerca de él para cuidarlo y consentirlo. -¿Necesitas algo? ¿Quieres que te consiga algún refresco, alguna revista? – pregunta.


-Sí, necesito algo… - responde Saúl con frialdad, fijando su mirada, vacía de todo sentimiento, en ella.


-¿El qué? Dímelo, y con gusto te lo traigo… - pregunta Zoraida.


-Necesito que me redactes una demanda de divorcio. – responde Saúl fríamente. Zoraida lo mira impactada, tratando de asimilar sus palabras, temiendo que solo se tratara de un espejismo fruto de sus anhelos más profundos. – Y también quiero que me consigas cierta información – añade mirando hacia la nada.


-Por… por supuesto, Saúl… lo que quieras – asegura Zoraida con un brillo de emoción en su mirada.




SAN CAYETANO



El comandante Olmedo (Arturo Carmona) escucha con atención el relato de Regina (Michelle Vargas), sin mostrar el menor signo de sorpresa ante su revelación.


-Así que su criada está en paradero desconocido… - murmura León, acariciándose la barbilla, contrariado.


-Al parecer la muchacha estaba aterrada, seguro que teme las consecuencias que supondría si delata al hombre que la coaccionó – asegura Mauricio (Fernando Colunga).


-Comprendo… no podemos obligarla a declarar si no quiere… pero no se preocupen, conseguiremos pruebas por otra parte… gracias a la labor del licenciado Espinoza, sabemos qué hilo seguir para encontrar al verdadero culpable – afirma el comandante Olmedo.


-Sí, menos da una piedra…  además podemos contar con el testimonio de Juan, todavía sigue un poco confuso con todo lo sucedido, pero estoy segura que podrá ayudarnos a identificar al que causó el fuego - murmura Regina afligida.


-Juan García ya ha prestado declaración, nos ha ayudado a identificar al Yuca como el hombre que lo apuñaló – señala León.


-¿Quién es el Yuca? – pregunta Regina intrigada.


-El Yuca es un sicario de la zona… que siempre actúa por encargo – responde Mauricio acariciándose la barbilla con la espalda de la mano.



-¿Y si saben quién es, por qué no lo detienen? – pregunta Regina.


-Pues porque ese hombre conoce la zona como la palma de su mano, se esconde en los montes y no permanece mucho tiempo en un mismo sitio… además creemos que tiene la protección de algunos de los hombres poderosos a los que le hace los trabajitos, lo que complica más el asunto – responde León.


-¡Esto es increíble! Estas tierras son peores que el lejano oeste… no me extrañaría que cualquier día presenciáramos un duelo en plena plaza del pueblo  – Regina resopla indignada,  se incorpora – Ahora, si me disculpan, tengo que regresar a la clínica para estar junto a mi mamá antes de que me de un ataque a mí también – añade.


-Al rato te alcanzo – asegura Mauricio antes de que Regina abandone la estancia, dejando a los dos hombres solos. – Todavía está un tanto… abrumada por la forma en la que se hacen las cosas en estas tierras – dice.


-Es comprensible, pero me temo que tendrá que acostumbrarse… hasta que logremos desenmascarar toda la corrupción que hay en este lugar – dice León, preocupado. – Para empezar, lo que podría hacer es levantar una denuncia por falsa acusación contra esos hombres – le propone.


-No, no quiero hacer ningún movimiento hasta saber con certeza quien fue el cabecilla de tal pantomima… - asegura Mauricio pensativo.


-¿Sospecha que hay alguien más detrás de todo esto, además de Ícaro Sanromán y los demás miembros de la confederación? – pregunta el comandante, intrigado.


-No lo sospecho comandante, sino que me atrevería a asegurarlo… - responde Mauricio con firmeza.



LA PODEROSA



Observa su imagen reflejada en el espejo del tocador mientras se cepilla el cabello. Los días de encierro y amargura habían hecho mella en su bello rostro, dándole un aspecto casi tétrico, con la piel cetrina y unas horribles ojeras que ensombrecían su semblante.
Regina y Camila estaban en lo cierto, no podía seguir así; tenía que comenzar a pensar en ella y buscar alguna solución a su problema antes de que sus padres descubrieran que no estaba donde debería.
Había sopesado varias opciones para salir del paso, la primera: abortar la criatura y la segunda, tratar de encontrar un hombre dispuesto a hacerse cargo del bebé frente a sus padres.


Sale de la recamara oteando el pasillo vacío, no se escuchaba ningún ruido cerca de ella.


-¿Regina? ¿Camila? – llama Malena (Tania Vázquez) mientras avanza por el pasillo, pero no obtiene respuesta.


De pronto unas voces en la planta de abajo llaman su atención, se apresura para asomarse a las escaleras para observar a Fabián (Carlos Ponce) y Modesta (Ana Martín).


-¿Cómo así que la mamá de Regina se puso mal? – pregunta Fabián preocupado.


-Ay sí, a la pobre le dio un jamacuco cuando conoció al esposo de la niña Regina – responde Modesta preocupada.


De pronto Malena observa a Fabián con renovado interés. Hasta entonces siempre lo había visto como el presumido novio de Regina; pero ahora era un hombre libre, rico, galante y educado… definitivamente el tipo de hombre que le gustaría a todas las madres para sus hijas.


-¡Fabián! – baja las escaleras apresuradamente para abrazarse con fuerza a un sorprendido Fabián, quien se tensa ante su contacto.


-Este… Malena… no sabía que estabas aquí – tartamudea extrañado, mira a Modesta tratando de encontrar alguna respuesta, pero la mujer se limita a encogerse de hombros.


-¡Ay, cuanto me alegra saber que estás bien! ¡No sabes lo preocupada que me fui a España después de lo que te pasó con Regina! – exclama Malena apenada, separándose de él.


-Oh… vaya… agradezco tu preocupación… no sabía que te afectaran tanto mis problemas con Regina… - dice Fabián totalmente desconcertado.


-Lo cierto es que siempre me caíste muy bien… pero en el fondo sabía que lo tuyo con Regina no iba a funcionar… - afirma Malena.


-Yo… yo tengo muchas tareas al pendiente, ahí los dejo, ¿sí? – anuncia Modesta con incomodidad antes de encaminarse hacia la cocina para dejarlos solos.


Fabián sigue a Modesta con la mirada, inquieto ante la idea de quedarse con Malena a solas.


-Malena… este… yo mejor voy a ver como está la mamá de Regina… - se excusa Fabián. En ese momento observa horrorizado como Malena comienza a llorar a lágrima viva, volviéndose a aferrar a él.


-¡Ay Fabián, me siento tan desdichada! – exclama llorando en su hombro cada vez con más fuerza.


Fabián resopla con resignación, acerca dudoso su mano al cabello de ella para acariciarlo levemente.


-¡Así que aquí estás! ¿Cómo te atreves a dejarme sola en tu cu…? – exclama Camila (Ana Serradilla) entrando por la puerta, se detiene abruptamente al observar la escena. Malena, parece no darse cuenta de su presencia mientras que Fabián la mira encogiéndose de hombros con inocencia.



SAN CAYETANO




-Ya, deja que te ayude mamá -  Regina (Michelle Vargas) se apresura a ayudar a su madre a incorporase sobre la cama.


-¡Déjame! Puedo sola, no soy ninguna inválida – replica Cecilia (María Sorté) con acritud.


-Nadie dijo eso mamá… - replica Regina dolida, por su actitud.


-Pero sé que lo piensan… que soy una idiota, una mensa a la que no pueden contarle nada por miedo a que se vuelva majareta, ¿no es cierto? – pregunta Cecilia enojada.


-No empieces…  necesitas descansar, estar tranquila… - le aconseja Regina.


-¿Cómo quieres que esté tranquila cuando acabo de descubrir que te casaste con un vulgar peón? – pregunta Cecilia alzando la voz. – Fue por él, ¿no es cierto? Fue por su causa por lo que decidiste quedarte la hacienda… ¿verdad? Claro, ¡qué tonta fui! Si estabas loquita por él cuando eras niña… y él bien que supo aprovechar su oportunidad… apuesto a que regresó justamente cuando se enteró de que habías heredado tú la hacienda, para aprovecharse… porque eso es lo que es ese hombre, un aprovechado, un ave de mal agüero… - comienza a relatar Cecilia con saña.


-Mamá… las cosas no son como tú crees… - trata de replicar Regina.


-No pierdas tu tiempo en tratar de defenderlo… porque tú eras muy niña cuando ese infeliz le destruyó la felicidad a tu hermano y de paso hundió a esta familia – asegura Cecilia con rencor.


-Mamá, ¡por Dios deja que te explique! – exclama Regina al borde de su paciencia.


-No quiero que me expliques nada… no quiero ni que me dirijas la palabra mientras sigas casada con ese hombre… - afirma Cecilia con crudeza – hasta que no me traigas un acta de divorcio, olvídate de que eres hija mía… y ahora vete, necesito descansar y verte delante me pone de los nervios – sentencia con amargura antes de acomodarse en la cama, dándole la espalda a una desolada Regina.


-Está bien, no voy a insistir más… descansa, mamá – murmura con tristeza antes de salir de la habitación.


Cecilia escucha la puerta cerrarse y cierra los ojos con amargura, dejando por fin que las lágrimas caigan por sus mejillas. Le dolía en el alma llegar hasta aquel extremo con su hija, pero no podía amilanarse, tenía que hacer todo lo que estuviera en su mano para apartarla de Mauricio Galván y la hacienda.




Regina (Michelle Vargas) avanza por el pasillo de la clínica sorbiéndose la nariz y secándose las lágrimas con cierta brusquedad. 


-¿Por qué demonios tienes que ser tan terca, mamá? – se pregunta con una mezcla de impotencia y tristeza.


Respira hondo mientras marca el número de su padre en el celular, en aquellos momentos necesitaba de sus consejos y palabras tranquilizadoras, quizás él pudiera ayudarla  a hacer entrar en razón a su madre.
Sale hasta la puerta de la clínica para poder agarrar bien la línea.


-Ay, papá… ¿por qué no agarras tu teléfono? – se pregunta entre dientes, con impaciencia.


Mientras espera, observa a lo lejos como Mauricio cruza la calle hacia la clínica. En aquel momento no podía evitar sentir una punzada de rencor hacia él, después de todo él era el causante de las desgracias de su familia.


De pronto un carro con cristales tintados que comienza a disminuir su velocidad al llegar a la altura de Mauricio llama su atención.


-¡Mauricio! – grita dejando caer el celular al suelo en el momento en el que observa como la ventana del piloto se abre unos centímetros y una mano enguantada asoma por la misma empuñando  un arma.


El sonido del disparo retumba en sus oídos mientras observa horrorizada como Mauricio cae al suelo con la espalda cubierta de sangre mientras que el carro se aleja de allí a gran velocidad. 




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