viernes, 30 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 44

CAPÍTULO XXXXIV









MÉXICO D.F.




Avanza apresuradamente por los pasillos del hospital, con el corazón en un puño, rezando para sus adentros que todo saliera bien; no podía perder a su hijo, la sola idea la aterraba y le cortaba la respiración.
Se detiene súbitamente al ver a Regina (Michelle Vargas), frente a la puerta del quirófano donde en ese momento estaban interviniendo a su hermano. Estaba apoyada contra la pared con la mirada perdida, mientras se sujetaba el algodón contra la cara interna del brazo donde debían de haberle sacado sangre.


-¿Cómo va la operación? – pregunta Cecilia (María Sorté) casi sin aliento.


Regina alza su mirada perdida para observarla sin ganas. Su rostro reflejaba una especie de consternación y tristeza.


-Creo que ya sé porque mi abuelo me dejó la hacienda a mí y no a mi hermano… Saúl no es hijo de Braulio Montesinos, ¿no es cierto? – pregunta Regina casi sin fuerzas.


-¿Qué demonios estás diciendo? – pregunta Cecilia casi sin aliento, con el corazón desbocado.


-He tratado de donarle sangre a mi hermano, pero no he podido… mi sangre no es compatible ya  que al parecer solo debemos de compartir un progenitor – responde Regina clavando la mirada en su madre.


Cecilia avanza unos pasos hacia atrás incapaz de sostenerle la mirada a su hija.


-Dime la verdad, mamá… ¿acaso es ese el secreto que tanto guardas? ¿Qué Saúl no es un auténtico Montesinos? ¿Es esa verdad la que tanto temías que saliera a la luz? – insiste Regina con la voz entrecortada.


-No digas tonterías… no siempre los hermanos comparten la misma sangre – replica Cecilia tragando saliva y alzando el mentón con orgullo.


-Es cierto, pero da la casualidad de que el tipo de sangre de Saúl sigue un patrón diferente al mío, el cual debió heredar del progenitor que no comparte conmigo – asegura Regina mirándola con intensidad, se acerca unos pasos a ella. – Así que haz el favor de dejar el teatrito y confiesa… Modesta siempre me dijo que si quería aclarar lo sucedido años atrás debía preguntarte a ti, y ahora entiendo por qué… el abuelo descubrió que Saúl no era un Montesinos y por eso os botó de la hacienda e intentó quedarse con mi custodia – añade tratando de contener su ira. Su corazón latía apresuradamente, como si quisiera salirle por la boca. Aquel era el momento que llevaba esperando desde que regresara a La Poderosa, aquella verdad oculta que acechaba su vida y no estaba dispuesta a que su madre le diera largas otra vez, ahora tendría que confesarle la verdad de una vez por todas.


Cecilia se da la vuelta para darle la espalda mientras se abraza a sí misma tratando de apaciguar el frío que se había instalado en su cuerpo. Aquel era el momento que más había temido en su vida, el que había tratado de impedir por todos los medios. Jamás pensó que la verdad pudiera exponerse de aquella manera tan fortuita.


-Habla mamá… ya no tiene caso que lo ocultes por más tiempo… ¿de quien es hijo mi hermano? – insiste Regina.


-Deja el pasado como está… no tienes ningún derecho a reclamarme nada… - replica Cecilia con sequedad.


-¿Y como está el pasado, según tú? Porque yo no tengo nada claro… te has pasado la vida tratando de borrar los recuerdos que tenía de la hacienda de mi abuelo,  desde que he decidido aceptar su herencia no has hecho más que tratar de sabotearme y ahora que al fin puedo descubrir la razón de tanto odio y resentimiento acumulado… ¿me dices que no tengo derecho a reclamarte? – insiste Regina, haciendo aspavientos con las manos, cada vez más exasperada con la actitud de su madre.


-¡Todo esto es culpa tuya de tu absurdo empeño por hacerte cargo de ese pedazo de tierra maldita! – Cecilia voltea para encarar a su hija, con los ojos refulgiendo con la rabia y la amargura contenidas desde el día del funeral de Bernardo Montesinos. – Debiste haber renunciado a esa herencia en cuanto tuviste ocasión… todo iba bien en nuestra familia hasta entonces… ¿tienes idea de cuanto he luchado para labraros a tu hermano y a ti un buen futuro? ¿Sabes cuanto luché para que no tuvieras que vivir el mismo infierno que yo viví en una tierra donde el machismo y la rudeza son la ley? – le reclama acercándose a ella. – Pero no, la señorita tuvo que lanzarse a la aventura y cumplir su capricho infantil de ser toda una terrateniente – escupe sus palabras con saña.


-¿Qué fue lo que te pasó en esa hacienda para que odies tanto esas tierras? – Regina fija su mirada en su madre, consciente del dolor que desprendían sus palabras, con las que se hacía evidente que ocultaba algún trauma de su época como esposa de Braulio Montesinos.


-No tiene caso volver la vista atrás… solo quiero que te quede claro una cosa Regina, todo lo que he hecho hasta ahora ha sido por vuestro bien, para evitar más sufrimiento innecesario a esta familia… tú no tienes ni idea de lo que es vivir una vida vacía, ser ninguneada por tu propio esposo y por tu suegro, sentir que no vales nada… que no eres más que una yegua de cría… que no importan tus opiniones, ni tus gustos ni tus deseos… - la ira va dando paso a la melancolía y a la amargura según habla, olvidando por un momento su presente para dejar que su mente viaje atrás en el tiempo, regresando a un lugar al que jamás querría volver.

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Solo el sonido de los cubiertos sobre el plato quebraba el tenso silencio que invadía el comedor durante el almuerzo. A Don Bernardo Montesinos (Carlos Bracho) no le gustaba que la gente hablara mientras comía, a no ser que se tratara de una comida de negocios o alguna de las reuniones de terratenientes, casos en los cuales, la importancia de la comida quedaba relegada por los asuntos a tratar.


El viejo patriarca se yergue sobre la silla mientras se limpia la comisura de la boca con la servilleta, una vez satisfecho con la comida. Aquella era la señal que levantaba el veto de silencio en la mesa; dando comienzo a la sobremesa, el momento adecuado para cualquier conversación trivial mientras esperan a por el café.


-¿Y bien? ¿No hay ninguna buena noticia que darme? – pregunta don Bernardo mirando de reojo a su cuñada antes de fijar su atención en su hijo Braulio (Mauricio Islas).


-No, padre… de haberla se lo hubiésemos comunicado nada más saberlo – responde Braulio con sequedad, sin ocultar la decepción que escondían sus palabras.


Cecilia (Adela Noriega) baja la mirada avergonzada mientras juguetea con la servilleta entre sus manos tratando de controlar el temblor que producía en ella la fría mirada recriminatoria que en ese momento le dedicaba su suegro. El hombre ni siquiera se esforzaba por disimular la repulsa que le provocaba, para él no era más que una buena para nada; ya que ni siquiera servía para lo único que era necesaria: darle el nieto varón que tanto deseaba.

Habían transcurrido 3 largos años desde que llegara  aquella hacienda, dejando atrás su vida en el distrito federal, cargada de ilusiones por su boda con el apuesto y caballeroso terrateniente Braulio Montesinos, sin embargo, tras la boda, poco había tardado  en hacerse patente la cruda realidad: en aquella casa ella no tenía ni voz ni voto; allí estaban acostumbrados a que las mujeres solo servían como complemento del hombre, para lucir en las fiestas y darles descendencia.


Poco a poco fue desapareciendo la muchacha alegre, ilusionada y llena de energía y entusiasmo para dar paso a la mujer gris y amargada, la mujer a la  que aquel hombre encontró llorando, escondida en una de las cuadras. Fue en aquel preciso momento cuando todo empezó, mal sabía ella que aquel encuentro fortuito iba a acarrear tantas desgracias.

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-Mamá… - Regina avanza unos pasos hacia su madre, con temor a ser rechazada. – Háblame mamá… cuéntame eso que tanto te angustia… sincérate conmigo… por favor… - toma las manos de su madre entre las suyas y la mira suplicante.


-Tu hermano… tu hermano es fruto de lo único hermoso que viví en aquella maldita hacienda… y no dejaré que nada ni nadie enturbie ese recuerdo, ¿me has entendido? – Cecilia pronuncia esas palabras lentamente, con seguridad, dejando a una Regina totalmente impactada por su brusquedad.  


-Ya estoy aquí – Julio (Otto Sirgo) alcanza a las dos mujeres visiblemente acelerado. - ¿Cómo va la operación? – pregunta tratando de llamar la atención de madre e hija, que en ese momento se miran sin decir nada, todavía alteradas por su reciente enfrentamiento. - ¿Ocurre algo? – insiste Julio, cada vez más preocupado.


-Familiares de Saúl Montesinos – anuncia el doctor saliendo de la sala, acaparando la atención de los tres.


-Somos nosotros – afirma Cecilia avanzando unos pasos hacia el doctor, seguida de cerca por Julio y Regina. - ¿Cómo está mi hijo? – pregunta con el corazón en un puño.


-Afortunadamente, la operación se ha desarrollado sin complicaciones, le hemos tenido que extraer el bazo, pero hemos logrado detener la hemorragia. – Les informa con una sonrisa en los labios – En unos minutos lo trasladaremos a la sala de reanimación donde pasará unos días hasta que su estado sea lo suficientemente estable para pasarlo a planta… - añade.


-¿Cuándo podremos verlo, doctor? – pregunta Cecilia.


-Las visitas en la sala de reanimación están restringidas… podrán visitarlo durante media hora por la mañana y otra por la tarde, solo dos personas por turno – responde el doctor. – Les avisaremos en cuanto puedan pasar a verlo –añade.


-Gracias doctor… muchas gracias por lo que ha hecho – dice Cecilia emocionada.


-Es mi trabajo, señora – replica el doctor antes de volver a la sala de operación.


-¡Gracias a Dios!- exclama Regina dejando escapar un hondo suspiro de alivio. Su hermano iba a ponerse bien y eso era lo único que importaba en aquel momento.


-Esta tarde entraremos Regina y yo a ver a Saúl… después de todo, ahora tú tienes otro hijo del que preocuparte – asegura Cecilia volviendo su mirada acusadora hacia Julio.


-¡Mamá, por favor! No es momento para reclamos – le reclama Regina, molesta.


-Es la verdad… ya no es necesario que Julio se vuelque con Saúl, total, ya tiene su añorado heredero, a quien ya tiene trabajando en su constructora sin importarle que hasta hace dos días pertenecía a la plantilla del enemigo – afirma Cecilia con desdén.


-Cecilia, por Dios… no puedo creer que pienses así… la aparición de Fernando para nada va a cambiar lo que siento por Saúl, él sigue siendo tan hijo mío como antes – trata de explicarse Julio, haciendo acopio de paciencia. Ya debería estar acostumbrado a los ataques de su esposa, sin embargo, cada uno de ellos se clavaba en su alma como si fuera un cuchillo.


-¿Sabes qué creo? Aquí todos necesitamos tranquilizarnos, así que voy a llevarme a mi papá a la cafetería para que puedas reflexionar un poco acerca tu estúpido comportamiento – asegura Regina, agarrando a su padre por el brazo para alejarse de allí.








MÉXICO D.F.



-¡Ya, llévate este mejunje asqueroso y tráeme comida de verdad! No me extraña que la gente se enferme todavía más cuando está aquí, claro con la comida que dan – la mujer que se hallaba sobre la cama del hospital parecía llena de vida, poco a poco iba recobrando aquel carácter fuerte y decidido que siempre la había caracterizado. Camila (Ana Serradilla) no puede evitar sonreír con nostalgia al ver de nuevo a su tía Alicia tan recuperada, aunque muy a su pesar, sabía que poco a poco, esa fuerza interior se iría apagando sin remedio.


-Vamos tía, tómate el pudding de zanahoria… tiene muchas vitaminas – insiste Camila sentándose en la cama, para agarrar el plato de pudding.


-Tendrá lo que quiera, pero sabe a rayos… no me gusta – replica doña Alicia (Raquel Olmedo) obcecada con apartar la bandeja de la comida.


-Vamos, tita… necesitas comer algo. No puedes tomar la medicación con el estómago vacío – le aconseja Camila, con paciencia, acercando una cucharada de pudding a la boca de su tía.


-Yo estoy perfectamente, no necesito ninguna droga… y aparta esa cuchara de mi cara, no soy ningún bebé para que me des de comer… y menos con público delante… - replica la mujer con sequedad.


-¿Qué público? – pregunta Camila totalmente desconcertada, temiendo que se debiera a una ilusión de su tía debido a su enfermedad.


-Disculpe, no era mi intención molestarla – el cuerpo de Camila se tensa nada más reconocer aquella voz a sus espaldas. Deja el plato sobre la bandeja con lentitud, temerosa de darse la vuelta para encarar al recién llegado.


-Pues si no era su intención, ¿por qué se queda ahí parado como si fuera un monigote? O entra y se presenta como Dios manda o se va… - insiste doña Alicia.


-Tía, él es Miguel Ángel… un amigo de San Cayetano – se apura  a presentarlo Camila, voltea para encontrarse con la preocupada mirada de Miguel Ángel. – Miguel Ángel, ella es mi tía Alicia – añade.


-Mucho gusto en conocerla señora – Miguel Ángel (Luis Roberto Guzmán) avanza hacia la cama tendiéndole la mano.


-Lo mismo de mi parte… y dígame, ¿qué le trae a esta triste habitación de hospital? – pregunta Alicia con solemnidad haciendo un lado la bandeja de la comida, dejando claro su intención de no probar bocado.


-Yo, solo estaba en la ciudad por negocios y su sobrina me había comentado acerca de su accidente, así que decidí que, ya que estoy por aquí, no estaría mal pasarme para ver como está… - responde Miguel Ángel.


-Eso es muy galante por su parte, sí señor… al fin un hombre con valores, como debe ser… ¿dónde lo has encontrado, niña? – pregunta Alicia complacida, volviendo su atención hacia su sobrina; quien permanecía con la mirada baja, visiblemente inquieta con la presencia del hombre.


-Miguel Ángel es el mejor amigo del esposo de Regins, tía… ¿recuerdas que te comenté sobre su boda? – pregunta Camila con timidez, todavía incapaz de  dirigirle la mirada a Miguel Ángel.


-Claro que me acuerdo, ¿cómo no lo voy a recordar si todavía tengo que darle un buen jirón de orejas a esa muchachita por no invitarme a la boda? – replica Alicia contrariada.


-Lo cierto es que la boda fue algo muy repentino; si le sirve de consuelo ni siquiera asistieron los padres de la novia – interviene Miguel Ángel.


-¿Entonces que carajo de boda fue esa,  ah? ¿Una secreta? – insiste Alicia.


-Tía, ahora no tiene caso hablar de esa boda… lo mejor será que descanses un rato mientras yo voy a la cafetería del hospital y te consigo un sándwich, ¿sí? – la tranquiliza Camila sacando la bandeja de la cama para arroparla.


-¡Esa es mi muchachita! – exclama Alicia animada por la perspectiva de llevarse algo de comida decente al estómago. – Por favor que sea un completito, ¿sí? – añade.


-Vamos, dejémosla descansar  – Camila agarra a Miguel Ángel por el brazo, todavía sin mirarlo; para salir de la habitación.


-Espero que no te moleste que me haya presentado así… - comienza a decir Miguel Ángel, con cierta cohibición.


-Shhh… mi tía tiene muy buen oído, mejor hablemos en la cafetería – lo interrumpe Camila mientras avanzan por los pasillos del hospital en silencio, caminando uno junto al otro con los brazos entrelazados.


Raquel Olmedo es Alicia






Lanza el bolso sobre el sofá con desgana antes de dejarse caer en el mismo, completamente rendida por el cansancio físico y mental. Apenas había tenido tiempo de sentarse  a lo largo de aquel fatídico día, y ahora que había llegado a su casa en una pieza después de pasarse una larga hora caminando, tratando de poner en orden sus ideas; esperaba poder continuar la conversación que tenía pendiente con su madre.


-Buenas noches, niña… - la saluda Chela entrando en el salón.


-No me digas que te quedaste despierta esperando por mí… -  dice Regina (Michelle Vargas) sonriéndole a la eficiente mujer. - ¿Sabes si mi mamá ya se acostó? – pregunta.


-Su madre todavía no ha llegado, niña… ¿quiere que le caliente la cena? – pregunta Chela.


-¿No ha llegado? – se sorprende Regina, con cierta preocupación. – No te preocupes, Chela… puedes retirarte… no tengo hambre – responde Regina.


-Deberías comer algo, apuesto a que no lo has hecho durante todo el día – escucha una voz a sus espaldas. Se incorpora con ímpetu para observar al hombre que permanecía de pie, en el marco de la puerta, con las manos hundidas en los bolsillos, sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos.


-¡Mauricio! – exclama sin poder ocultar su emoción antes de lanzarse para envolverlo entre sus brazos, dejando atrás cualquier resquicio de inseguridad.


Él permanece unos segundos inmóvil, desconcertado por su efusivo recibimiento, había esperado algún tipo de reclamo, una fría bienvenida o por lo menos, algo de reticencia. Sin embargo, Regina se había echado a sus brazos buscando lo que parecía ser un consuelo que no sabía si sería capaz de darle.
Finalmente rodea su cintura con sus fuertes brazos atrayéndola más a él y deposita un suave beso en su coronilla, mientras disfruta de la intimidad de aquel momento.


-¡Qué escena tan conmovedora! – exclama Cecilia (María Sorté) con una mezcla de ironía y despecho, irrumpiendo en la sala. Aquello era lo último que necesitaba ver antes de terminar el día.


-Mamá, llegas tarde… ¿vienes del hospital? – pregunta Regina separándose de Mauricio, tratando de brindar un poco de normalidad al momento.


-No seas impertinente, niña, ¿qué demonios importa de donde venga o a donde vaya? – replica Cecilia sin ocultar su disgusto.


-¡Mamá, por favor, no empieces! – exclama Regina con resignación.


-Empiezo y termino cuando me da la gana… y ahora me vas a explicar qué demonios hace este hombre en mi casa – reclama Cecilia alzando la voz. -¿Qué? ¿Viniste a comprobar si ya se murió mi hijo o acaso para interesarte por su divorcio con la buscona de tu ex amante? – insiste ponzoñosa, mirando a Mauricio con desafío. Mientras él permanece inmóvil, con su mirada felina fija en aquella mujer, tratando de comprender el motivo del odio y el miedo que escondían sus ojos.


-¿Por qué le pone tan nerviosa mi presencia, señora? – pregunta él con calma, avanzando unos pasos hacia ella. -¿Qué tanto teme que se descubra? – insiste.


-¡Maldito infeliz descarado! ¿Cómo quieres que te reciba después del daño que le has causado a esta familia? – le reclama ella entre dientes. – Puede que la ilusa de mi hija esté demasiado obnubilada por ese enamoramiento infantil que te tenía para ver la clase de carroñero que eres… - escupe sus palabras con odio.


-¡Ya basta mamá! Será mejor que nos vayamos – decide Regina tomando de la mano de Mauricio.


-No, tú no te vas a ningún lado con este bastardo – Cecilia se apura a apartar a su hija de Mauricio y situarse entre ambos, encarándola fuera de sí. - ¿Es así como me agradeces todo lo que he hecho por ti? ¿Traicionando a tu familia por este desgraciado? – insiste.


-No, lo que hago es huir de tus reproches y tus acusaciones sin sentido… - replica Regina, tratando de mantener la calma. – No quiero discutir contigo, ni ser testigo de otra de tus escenas… ¡estoy harta de que cada vez que hablemos termines por cargarme a mí toda la culpa de lo que está pasando esta familia! – añade alzando la voz.


-A nadie le gusta escuchar sus verdades, ¿no es cierto? – pregunta Cecilia cínicamente.


-El burro hablando de orejas – interviene Mauricio con hastío, harto de ser testigo de aquella escena. Cecilia voltea lentamente para encararlo, con los ojos brillando por la ira.


-¿Te crees muy seguro de ti mismo, verdad? Piensas que te vas a salir con la tuya y destruir esta familia, ¿no es cierto? – le pregunta entre dientes, con tensa calma. – Pero estás muy equivocado, porque no tienes ni idea del pecado tan grande que estás cometiendo… por el que estoy segura de que pagarás muy caro – añade amenazante.


-Lo que yo estoy haciendo, se llama justicia, señora – replica Mauricio con calma.


-La justicia solo la impone un juez o el mismísimo Dios… lo que tú estás haciendo es buscar venganza en el lugar equivocado… y no tienes ni idea de lo que vas a sufrir cuando te des cuenta de que todo lo que has hecho, te lo estás haciendo a ti mismo… - sentencia clavando su fiera mirada en el hombre que permanecía impasible ante sus palabras, seguro de que se trataba de alguna treta de una mujer desquiciada.


Sin embargo las palabras de Cecilia causan un efecto diferente en Regina; su mente comienza a trabajar a marchas forzadas, los recuerdos se agolpan en su cabeza…


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-¿Por qué no puedo ir con ellos? – pregunta la pequeña Regina cruzándose de brazos y haciendo un puchero mientras observa ceñuda la emocionante competición que se desarrollaba en el improvisado ruedo, donde su hermano y Mauricio se disputaban a lomos de sus respectivos potros el puesto de mejor domador.


-Ay niña, está muy chiquita usted para domar potros – responde Modesta (Ana Martín) acariciándole el cabello con dulzura.


-Fíjate mamá lo igualados que van… apenas distingo quien es quien… - observa el joven Juan, quien se hallaba apoyado en la valla, sin perder detalle del duelo. Ambos jinetes tenían el torso al descubierto y vestían unos jeans. – Se parecen tanto… cualquiera diría que son hermanos… - añade divertido.


-Ya, deje de decir tonterías y preste atención a la doma, a ver si así aprende algo – le reprende Modesta, sin poder ocultar su nerviosismo.


-¿Por qué regañas a Juan, Modesta? Yo también creo que mi hermano y Saúl se parecen harto… pero no pueden ser hermanos de ninguna manera, porque si fuera así, yo no podría casarme con Mauricio cuando sea grande… - asegura Regina sin apartar la vista del espectáculo.




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-¿Qué… qué demonios haces tú aquí? Lárgate ahora mismo… antes de que… - Cecilia habla con rapidez, alzando la voz, presa de la más pura agitación.


-Mamá… por favor, cálmate… - Regina se acerca con preocupación a su madre, pasándole el brazo por los hombros, tratando de tranquilizarla.


-Ese hombre es un mal nacido… él tiene la culpa… no puede estar aquí… ¡Lárgate, por lo que más quieras! - repite Cecilia fuera de sí.


-Lo lamento doña Cecilia, pero me temo que no puedo complacerla… menos ahora que somos familia… - replica Mauricio con calma. Regina vuelve su mirada recriminatoria hacia él.


-¡Mentira! No sé que demonios te habrán contado… ¡pero tú no eres parte de la familia! ¡De ninguna manera! – grita Cecilia histérica.




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-No se venga abajo niña… quizás haya esperanza después de todo, trate de hacer que Mauricio y Saúl logren aclarar lo que sucedió hace 13 años para que así puedan combatir sus demonios y empezar de nuevo… - le aconseja Modesta. – Quizás haya alguien más que pueda darle algo de luz sobre lo sucedido aquella fatídica noche… - añade, dudosa acerca si estaba haciendo lo correcto.


-¿Quién podría ayudarme? – pregunta Regina intrigada.


-Su mamá, niña… - responde Modesta con solemnidad.




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-Tu hermano… tu hermano es fruto de lo único hermoso que viví en aquella maldita hacienda… y no dejaré que nada ni nadie enturbie ese recuerdo, ¿me has entendido? – Cecilia pronuncia esas palabras lentamente, con seguridad.


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-¡Oh… Dios… mío! – exclama Regina llevándose la mano al pecho, completamente abrumada por su descubrimiento. ¿Cómo podía haber sido tan ciega? Cecilia voltea para encontrarse con la turbada mirada de su hija, quien de pronto parecía tener problemas para hacer llegar aire a sus pulmones. – No puede ser… - repite Regina casi sin aliento. Cecilia permanece inmóvil ante el estado alterado de su hija, consciente de que había llegado hasta la verdad por sí sola.

-¿Qué te ocurre Regina? – Mauricio se apresura a situarse frente a ella para tomarla por los hombros, visiblemente preocupado. Regina lo mira con los ojos enrojecidos mientras niega con la cabeza.  Le acaricia el cabello - ¿Qué es lo que pasa? – insiste sin obtener respuesta por su parte. – Será mejor que nos vayamos de aquí – sentencia alzándola entre sus brazos, dispuesto a sacarla de allí.


-Usted no se lleva a mi hija a ningún lado – Cecilia parece salir de su propio ensimismamiento para cruzarse en su camino.


-Intente impedírmelo – la reta Mauricio apretando el cuerpo casi inerte de Regina contra el suyo antes de proseguir su camino con paso seguro hacia la puerta.


Cecilia observa como aquel hombre se lleva a su hija y con ella, el secreto que había tratado de proteger por todos los medios. Un secreto que cambiaría por completo la vida de sus hijos.





                                                                                                    
LA PODEROSA



Se mesa el cabello con cierta inquietud mientras observa como Malena (Tania Vázquez) rellena una vez más su vaso de tequila. Había una parte de él que le decía que tenía que irse de allí cuanto antes, aunque por otra; nunca estaba de más ganarse puntos con las amigas de Regina, quizás eso le ayudaría a reconquistarla en un futuro cuando se divorciara del patán de su esposo.
Había acudido a la hacienda para buscar a Camila, la cual no se había presentado a la hora acordada para seguir con la remodelación de la casa y sin embargo había terminado por aceptar la invitación de Malena, quien al parecer se sentía muy sola después del imprevisto viaje de sus dos amigas.


-¡Vamos, brindemos otra vez! – exclama Malena alegremente alzando su vaso.  Fabián (Carlos Ponce) repara entonces en su cercanía, ¿cuándo había abandonado el sofá individual en el que estaba para sentarse a su lado, con su cuerpo casi rozando el suyo?


-Malena, de veras… yo creo que ya mejor me voy… me noto demasiado achispado – trata de protestar Fabián, dejando el vaso sobre la mesa y haciendo el amago de levantarse.


-¿No me irás a dejar sola tú también verdad? -  pregunta una mimosa Malena mientras lo agarra por el brazo para impedirle el movimiento.  – La verdad es que no sé que voy a hacer en esta hacienda tan grande sin compañía… - añade apesadumbrada.


-¿Por qué no te fuiste con ellas, entonces? – pregunta Fabián.


-Ya te lo he dicho, me peleé con mis papás… me tenían asfixiada con tanto control – responde Malena agarrando su vaso de tequila para brindárselo de nuevo. – Anda, no seas malo… brindemos de nuevo, por favor… - añade mirándolo con un infantil puchero dibujado en su rostro.


-Está bien, solo una copa más… luego me iré… - accede finalmente Fabián haciéndose con su vaso.


-Por el amor… porque uno nunca sabe donde puede aparecer – anuncia Malena chocando su vaso con el de él.


-Por el amor… - repite Fabián antes de echarse el contenido del vaso de un solo trago ante la complacida mirada de Malena, quien sonríe para sí mientras se lleva el vaso a la boca, sin llegar a beber ni una gota.
Sutilmente posa su mano en la pierna de él y comienza a acariciarlo sensualmente. Él vuelve su mirada vidriosa hacia ella, completamente turbado por sus caricias.


-¿Qué haces? – pregunta él visiblemente inquieto.


-He pensado, que ya que estamos tan solos los dos… no nos vendría mal, darnos algo de consuelo mutuo – ronronea ella, acercando sus labios a los suyos, mientras su mano juguetona se acerca lentamente a su entrepierna, para notar que sus caricias no le resultaban de todo indiferentes.


-Malena… esto no… no está… bien… - replica él, sin moverse un ápice. Hacía demasiado tiempo que no yacía con una mujer por lo que su cuerpo parecía querer cobrar vida propia, dejando a un lado la razón.


-Sí que lo está… Regina ya no te quiere… sin embargo yo… yo siempre te he deseado – murmura ella contra sus labios antes de sacarle el vaso de las manos para dejarlo sobre la mesa y colocarse a horcajadas sobre él para besarlo con avidez, derribando el último atisbo de cordura que quedaba en él.




MÉXICO D.F.



A pesar de llevar un largo rato sentados en aquella mesa de la cafetería, todavía ninguno de los dos se había atrevido a decir la primera palabra.
Camila (Ana Serradilla) remueve su café con la mirada fija en la taza, todavía cohibida con la presencia de Miguel Ángel (Luis Roberto Guzmán).


-Soy consciente de que estamos en una situación un tanto incómoda… - dice Miguel Ángel al fin.


-Ciertamente, lo es… - concuerda Camila, finalmente alza la mirada tímidamente. -¿Por qué viniste? – finalmente realiza la pregunta que rondaba por su mente desde el momento que lo viera.


-Vine para acompañar a Mauricio y a Morelia, para que comprara el vestido de novia… - responde Miguel Ángel con timidez.


-Oh, es verdad… la dichosa boda… - murmura Camila entre dientes, sin poder ocultar su fastidio. –Te agradezco tu preocupación por mi tía, ahora será mejor que le lleve su sándwich antes de que vuelva loca a alguna enfermera – añade cortante.


-Camila, espera… no tenía intención de enojarte – se disculpa Miguel Ángel.


-No, no es culpa tuya… sino mía, por idiota… por un momento llegué a creer que habías venido aquí… por mí… - reconoce al fin, disgustada consigo misma por permitirse mantener esperanzas cuando sabía que aquello estaba mal; no podía disputarle el novio a Morelia, ella no se lo merecía.


-Camila, soy consciente de lo que ocurrió el otro día… complica las cosas entre nosotros – afirma Miguel Ángel – no tenía que haber ocurrido, pero yo también asumo mi parte de culpa – añade.


-¿Has besado a alguna otra mujer mientras estabas con Morelia? – lo interrumpe Camila, necesitaba despejar aquella duda, saber si había sido para él otro de sus escarceos. Miguel Ángel permanece en silencio unos momentos, desconcertado por la pregunta.


-No – responde acariciándose la nuca con cierto desasosiego.


-Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer con eso? – pregunta Camila  respirando hondo. – Porque me estás poniendo muy difícil mi propósito de olvidarte si cada vez que trato de alejarme, te presentas delante mía haciendo gala de tu encanto – añade cruzándose de brazos.


-Lamento que mi presencia te cause tantos estragos… lo cierto es que no debí buscarte después de lo que pasó; pero ante todo, soy tu amigo y no pude dejar de preocuparme por tu repentina marcha de la hacienda – trata de disculparse Miguel Ángel.


-Muy bien, pues como puedes comprobar estoy bien… sabré salir adelante, te agradezco la preocupación… pero por favor, no me busques… no mientras trato de sacarte de mi cabeza – insiste Camila al tiempo que se levanta para dirigirse a la barra, dejándolo solo. Esta vez no intenta detenerla ni excusarse de nuevo, no sería justo para ella darle información que pudiera hacerle recobrar las esperanzas con él… no podía darle lo que quería, él era hombre de una sola mujer, siempre lo había sido y esa mujer solo podía ser Morelia. Era con ella con quien había imaginado una vida, a quien había entregado su corazón diez años atrás y a quien por nada del mundo podría lastimar.
Se levanta lentamente para arrastrar sus pies hacia la salida, sin echar la vista atrás, para no ver la tristeza infinita que escondía la mirada de Camila al verlo alejarse.







El dulce aroma del chocolate caliente inunda sus fosas nasales, haciendo que sus tripas rujan en protesta recordándole que hacía demasiadas horas que no probaba bocado. Sin embargo, se sentía incapaz de moverse del cómodo sofá en el que Mauricio (Fernando Colunga) la había dejado nada más llegar al coqueto apartamento.
Todavía trataba inútilmente de luchar contra una verdad que la estaba atormentando con crueldad.


Mauricio (Fernando Colunga) se sienta a su lado para ofrecerle la taza de chocolate caliente sin obtener respuesta. Resopla con impaciencia mientras la abraza contra su cuerpo y le acerca la taza a los labios, como si se tratara de un bebé.


-Vamos, bebe un poco, te sentará bien – le apremia con cuidado. Ella alza la mirada para observarlo todavía abrumada por sus pensamiento. – No me obligues a dártelo a la fuerza – le advierte, consiguiendo que agarre la taza entre sus manos temblorosas y beba un sorbo con dificultad. – Y ahora, ¿vas a decirme qué fue lo que pasó en tu casa? – Mauricio se aclara la garganta antes de preguntar, consciente de que debía de tratarse de algo muy serio para provocar aquella reacción en Regina.


Regina deja la taza sobre la mesa y se recoloca en el sillón para situarse cara a cara con su esposo, le toma el rostro entre sus manos.


-Pero antes tienes que prometerme una cosa – dice ella casi en un susurro, con voz temblorosa.


-No puedo prometerte algo que no sé en qué consiste – replica él, cada vez más intrigado por su comportamiento.


-Por favor, esto no se trata de mí… si no de ti… así que prométeme que vas a hablar con Saúl, que vas a tratar de llegar al fondo del asunto… - le suplica ella.


-Ya te dije que esa no era una posibilidad – repone Mauricio con sequedad, comenzando a apartarse de ella. Sin embargo las manos de Regina aferran su rostro con más fuerza, obligándolo a mirarla.


-Tienes que hacerlo… no puedes seguir con esta absurda guerra… si no quieres lamentarlo en un futuro – insiste ella, mirándolo con intensidad.


-No me digas que le has creído el teatrito a tu madre… - objeta Mauricio al borde de su paciencia.


-No se trata de ningún teatro, Mauricio… ojalá lo fuera… - una fugaz sonrisa de tristeza se dibuja en sus labios al tiempo que aparta sus manos del rostro de Mauricio – Saúl no es hijo de Braulio Montesinos… - dice al fin incapaz de sostenerle la mirada.


-¿Qué me quieres decir con eso? – pregunta Mauricio tratando de permanecer impasible a sus palabras.


-¿Acaso no sospechas quien puede ser su verdadero padre? – la pregunta de Regina resuena en su cabeza una y otra vez, golpeándolo con saña, liberando los viejos temores enterrados en el pasado.







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