lunes, 28 de febrero de 2011

CAPÍTULO 3



CAPITULO III



-Bonito anillo – dice complacida. Mira a Fabián – lástima que no me lo vaya a poner en la vida, porque nunca voy a casarme con un  imbécil y un cobarde como tú Fabián Sotomayor, ¿me has oído bien? NUNCA  – exclama alzando la voz antes de lanzarle el anillo provocando el desconcierto y la estupefacción general de los presentes. Fabián se queda paralizado, sin saber qué decir o qué hacer, mientras observa como ella baja del escenario y se va corriendo del lugar. Higinio mira a Cecilia y Julio que parecen tan desconcertados como él.
-¿Por qué demonios ha hecho eso? – se pregunta Cecilia (María Sorté)  angustiada.
-No lo sé – responde Julio (Otto Sirgo), aunque en el fondo no puede evitar sentir un profundo alivio.
Nereida (Bárbara Mori) se ríe burlonamente, mientras que Saúl (Eduardo Santamarina) sale a toda prisa para alcanzar a su hermana. La alcanza justo a la entrada de la mansión.
-Regina, espera – la llama. Ella se detiene y lo mira.
-Si vas a sermonearme mejor déjalo para mañana, porque por hoy ya he tenido suficientes emociones – dice Regina (Michelle Vargas) abatida. Pero Saúl se acerca a ella y la estrecha entre sus brazos sin decir nada mientras que ella rompe en llanto.
-Vamos, te llevo a casa – dice Saúl y los dos se encaminan abrazados hacia el aparcamiento para buscar el carro de Saúl.

Fabián siente como si en aquel momento estuviera cayendo en un pozo sin fondo… aquello no parecía real, debía de estar soñando. Un inmenso vacío se instaló en su interior, que no podía explicar. Cabizbajo y meditabundo, bajó del escenario rápidamente para refugiarse en el baño, lejos de las inquisitivas miradas de los asistentes.

Mauricio (Fernando Colunga)  se levanta de la cama, solo vestido como un cómodo pantalón del pijama de color blanco. Mientras sobre el lecho permanecía una exuberante rubia, solo cubierta por una fina sábana; profundamente dormida. Llega a la sala, agarra el inalámbrico,  marca un número y espera la contestación al otro lado de la línea.
-¿Fercho? Soy Mauricio, ¿averiguaste sobre lo que te pedí?... bien, - sonríe al escuchar las noticias que le dan desde el otro lado del hilo telefónico - quiero que tengan todo listo para mi llegada… mañana mismo parto para allá – dice y cuelga el teléfono. Se sienta en el sofá y apoya el brazo contra el respaldo. –Muy pronto conseguiré mi propósito… muy pronto – se dice complacido.

Al día siguiente

MANSIÓN MONCADA

Regina (Michelle Vargas) siente un repentino frío sobre su cuerpo, lentamente abre los ojos para encontrarse con el duro rostro de su madre, que la mira enojada y comprueba que la ha destapado completamente. Regina la mira sin decir nada y se cubre la cabeza con la almohada.
-No trates de esconderte jovencita. Ayer en la noche no vine a cantarte las cuarenta porque Julio me lo impidió pero hoy nadie te libra de una buena regañina – le dice arrebatándole la almohada.  Regina se incorpora y la mira enojada - ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Cómo pudiste someternos a semejante humillación? Tratar de esa manera tan horrible al pobre Fabián con lo que te quiere, ¡es inconcebible! – exclama indignada.
-¿Con lo que me quiere? ¿Cuánto según tú? – pregunta Regina con rabia. Se incorpora  y mira a su madre amenazante – quizás Higinio y tú sepan mejor cuanto me quiere, ¿no es cierto? – pregunta.
-¿De qué hablas? – pregunta Cecilia (María Sorté) aturdida.
-Hablo de que ya sé todo, así que nuestra boda era lo mejor para las familias y para la empresa – dice sonriendo con cinismo. - ¡Ya estoy harta de que todos decidan por mí! ¿Qué acaso lo que yo sienta no basta? – Pregunta al borde del llanto – yo solo quería amar y ser amada, ¡maldita sea! – exclama herida.
-Regina, mi cielo. Nosotros pensamos en lo que sería mejor para ti, Fabián es un buen muchacho y te quiere… además a ti siempre te gustó – dice Cecilia.
-No, mamá; él no me quiere, no me quiere como yo quiero. No pienso conformarme con una farsa cuando puedo encontrar un amor verdadero – dice Regina.
-Hija, eso que tú dices no existe. Te lo tengo dicho mil veces… deberías dejar de leer esas absurdas novelas que te llenan la cabeza de pájaros – dice Cecilia incómoda. Regina la mira.
-¿Entonces tú nunca amaste a mi papá? ¿Ni a Julio? – pregunta.
-Claro que los amé, pero es un amor sereno, un amor que se consolidó con el tiempo… eso es el verdadero amor, y eso es lo que tendrías al lado de Fabián, él te daría la seguridad y el apoyo que necesitas. Eso es lo más importante – dice Cecilia. Regina niega con la cabeza.
-No, mamá. Quizás eso sea suficiente para ti, pero no para mí – dice Regina – y ahora si me disculpas, tengo que prepararme. Saúl llegará dentro de poco para irnos a la hacienda – añade abriendo la puerta. Cecilia se acerca a la puerta, se detiene frente a ella.
-Espero que estos días en la hacienda te ayuden a reflexionar, y que te des cuenta de que todo lo que hicimos, fue por tu bien  - dice con tristeza antes de seguir su camino. Regina cierra la puerta con fuerza y hunde el rostro entre las manos.

MANSIÓN MONTESINOS

Saúl (Eduardo Santamarina) introduce su equipaje en el maletero del coche, ante la atenta mirada de Nereida (Bárbara Mori), que lo observa desde el porche impasible, apoyada en la barandilla. Saúl la mira.
-¿Seguro que no quieres venir? – pregunta Saúl. Nereida niega con la cabeza.
-Tengo que acompañar a mi nana al doctor mañana… además esa hacienda no me trae gratos recuerdos… – responde Nereida.
-Pues vete olvidando todas tus cautelas porque pronto me convertiré en su dueño y pienso pasar largas temporadas allá, y no estoy dispuesto a dejarte sola aquí – dice Saúl molesto. Se acerca a la barandilla. – El pasado, pasado está. Yo ya lo he aceptado, así que ya va siendo hora de que tú hagas lo mismo – añade con dureza. Se alza sobre los talones para darle un beso en los labios y se dirige al carro.
Nereida lo observa alejarse pensativa, regresar a “La Poderosa”, no… le resultaba demasiado doloroso, todavía le temblaba todo el cuerpo cada vez que recordaba los sucesos de aquella noche. Ella no era capaz de regresar y hacer como si no hubiera pasado nada, no podría.

MANSIÓN SOTOMAYOR

Fabián (Carlos Ponce)  e Higinio (Humberto Zurrita) se hallaban sentados a la mesa, esperando a que les sirvieran el desayuno. Higinio observa preocupado a su hijo, que permanece callado, mirando hacia la nada mientras que en la mano aprieta una pequeña pelotita antiestrés con ansiedad.
-¿Cómo has pasado la noche? ¿Has podido dormir algo? – pregunta Higinio al fin. Fabián deja de apretar la pelotita y mira a su padre con frialdad.
-No, he tenido toda la noche horribles pesadillas con la terrible humillación que sufrí ayer delante de todos nuestros amigos, y aún para colmo en casa de los Peñalver – responde con rabia contenida.
-Hijo, lamento lo ocurrido… - dice Higinio.
-No más que yo papá – replica Fabián – te dije que Regina todavía no estaba preparada… no es más que una chiquilla inmadura y… también desquiciada, eso, está completamente desquiciada – añade con desprecio.
-¿Tienes idea de por qué actuó de esa manera? Minutos antes os vi en el jardín, muy acaramelados – dice Higinio intrigado.
-¿Así que ahora te dedicas a espiarme? – pregunta molesto.
-Yo solo quería comprobar que todo estaba arreglado – responde Higinio.
-Claro, porque tu hijo no es capaz ni siquiera de reconciliarse con su novia – dice Fabián.
-Por favor hijo, no saques las cosas de quicio – dice Higinio. Fabián se incorpora y apoya sus manos sobre la mesa, inclinándose levemente sobre su padre.
-No, sí que las voy a sacar papa. Porque por tu culpa ayer Regina me rechazó y me humilló delante de todos, gracias a tu estúpida idea de proponerle matrimonio en público – dice Fabián.
-Lo lamento, cometí un error, me equivoqué con Regina, creía que de ese modo no podría rechazarte – dice Higinio.
-Pues sí papá, cometiste un error y ahora soy yo el que lo está pagando – dice Fabián – seré el hazmerreír de la empresa y de todas las reuniones sociales hasta que otro pardillo cometa el error de fijarse en una desquiciada – añade y se dispone a salir del comedor.
-Hijo, espera – dice Higinio, Fabián se detiene y lo mira impaciente.
-¿Qué más hay que decir papá? – pregunta Fabián.
-Mañana comienza la grabación del comercial de la marca de perfume en Acapulco, quizás te vendría bien irte con el equipo para controlar las grabaciones… te servirá para relajarte – dice Higinio. Fabián asiente complacido.
-Está bien, es una buena idea. Prepararé mi equipaje – dice con desdén y aleja apresuradamente, cruzándose en la puerta con la criada, que llegaba con la bandeja del desayuno.


Regina (Michelle Vargas) miraba los hermosos paisajes a través de la ventanilla de la avioneta privada que Saúl (Eduardo Santamarina)  había rentado para que los llevara al pueblo directamente, sin tener que hacer los transbordos desde el aeropuerto al pueblo que solo les harían perder el tiempo. Regina sentía a su hermano exultante y de muy buen humor, como si fueran a visitar a un querido familiar y no a un posible moribundo que los había ignorado tantos años; pero ella sospechaba que el motivo estribaba en que a la muerte de su abuelo, probablemente Saúl se convertiría en el nuevo dueño de La Poderosa, la rica y envidiada hacienda de su abuelo. Desde lo alto divisa como un grupo de caballos galopan libremente por las hermosas praderas en flor y no puede evitar sonreír emocionada; los pocos recuerdos que comenzaban a venirle a la mente de aquel lugar eran hermosos, ella había sido una niña muy feliz en aquel lugar, y la emoción de regresar a sus orígenes comenzaba a invadirla.
Saúl  observa a su hermana complacido, sabía cuanto amaba la hacienda cuando era niña, lo feliz que había sido en aquellas tierras; por lo mismo ahora que se convertiría en el nuevo dueño no iba a permitir que su hermana volviera a alejarse de la hacienda, tendría las puertas siempre abiertas y pronto volvería a ser aquella niña valiente y salvaje que correteaba por los campos y se bañaba en las lagunas sin ningún pudor.
-Ya estamos llegando – le dice sonriendo. Ella lo mira ilusionaba.
-No recordaba que fuera tan bello – dice Regina sonriendo. Mira a su hermano – Saúl, yo quería darte las gracias por tu apoyo anoche, por no exigirme explicaciones – añade. Saúl le toma la barbilla con su mano dulcemente.
-Mi princesita, tú no tienes por qué rendirme cuentas. Estoy seguro que si rechazaste a ese presumido, tus motivos tuviste – dice Saúl. Regina sonríe y lo abraza.
-Señor Montesinos, ¿dónde quiere que busque un claro donde aterrizar? – pregunta el piloto.
-¿Sabe donde queda La Poderosa? – pregunta Saúl.
-Por supuesto – responde el piloto.
-Pues busque un claro lo más cerca posible de ella – dice Saúl complacido. Mira a su hermana y los dos se miran con complicidad fraternal.

MÉXICO D.F.

Nereida (Bárbara Mori) se detiene para observar el hermoso chaquetón de piel que se hallaba expuesto en el cuidado escaparate de una lujosa boutique. Definitivamente ese chaquetón tenía que ser suyo. Sonríe complacida dispuesta a entrar en la boutique.
-Nereida Batista – dice una voz de mujer a sus espaldas, ella se detiene y voltea intrigada. - ¡Qué sorpresa encontrarte! – exclama Zoraida (Ingrid Martz) sonriendo hipócritamente. Nereida sonríe con la misma hipocresía.
-Zoraida Peñalver, ojalá pudiera decir lo mismo – dice con desdén. Zoraida se acerca a ella.
-Te crees muy segura de ti misma, ¿cierto? – Pregunta con burla – pero todo el mundo sabe que no eres más que una mujerzuela – añade enfatizando sus palabras. Nereida coloca las manos sobre sus caderas, en una pose sensual y la mira de arriba abajo con desdén.
-¿Y eso me lo dice una amargada y reprimida como tú? – Pregunta Nereida con burla – puedes insultarme todo lo que quieras imbécil, pero yo sigo siendo la esposa de Saúl Montesinos, mientras que tú te mueres de amor por él – añade entre risas. Zoraida la mira sin poder ocultar su furia.
-No te mereces a Saúl, no te lo mereces, ¡hasta tu propia suegra opina lo mismo! – exclama alzando la voz.
-Schhh, baja la voz, chaparra si no quieres montar un escándalo y todo el mundo se entere de que eres una histérica – dice Nereida.
-Aprovéchate de tu suerte ahora desgraciada, porque no siempre te va a durar – le dice Zoraida amenazante y se aleja sulfurada mientras que Nereida la mira con una sonrisa de superioridad, que en seguida se borra de su rostro que se envuelve de tristeza cuando Zoraida está lo suficientemente lejos para verla. Esa mujer la sacaba de quicio, desde hace unos años se dedicaba a martirizarla en cada oportunidad a través de indirectas y maliciosas bromas, recordándole la poca mujer que era para Saúl, aunque nunca hasta ese día se había mostrado tan encolerizada, ni se había enfrentado tan abiertamente a ella. Pero gracias a Dios, había conseguido mantener la compostura y no venirse abajo, eso era algo que se había prometido a sí misma hace tiempo, que nada ni nadie conseguiría nunca verla hundida, aunque por dentro estuviera hecha pedazos y hasta el día de hoy lo había logrado.
Se coloca bien el bolso y voltea cabizbaja en dirección a la salida del centro, ya se le habían pasado las ganas de comprar.

LA PODEROSA

Saúl (Eduardo Santamarina) observaba todo a su alrededor complacido y respira profundamente el aire puro del campo, ¡Cuánto había extrañado esas tierras que ahora se extendían ante sus ojos! Se acerca a la avioneta para ayudar a su hermana a bajar de la misma. Regina (Michelle Vargas) mira a su alrededor emocionada.
-¡Qué maravilla! – exclama Regina observando el hermoso paraje.
-Sí, una verdadera joya – dice Saúl sonriente. – voy a arreglar las cuentas con el piloto – añade. Regina asiente complacida y se aleja unos pasos de la avioneta para observar mejor a su alrededor. Mientras que Saúl se acerca al piloto, que se encontraba descargando las maletas.
-¿Vendrá alguien a buscarnos? – pregunta Regina.
-No – responde Saúl complacido – no he avisado de nuestra llegada; he pensado que lo mejor es llegar de improviso – añade. Regina voltea para mirarlo alarmada.
-¿Y cómo vamos a hacer con el equipaje?
-Lo llevaremos nosotros mismos, iremos caminando. Un poco de ejercicio no nos viene mal – responde Saúl sonriendo mientras termina de recoger el equipaje.
-Pero… ve mis zapatos, no son zapatos para caminar por el campo – le dice molesta, mostrándole los elegantes zapatos que tenían algo de tacón.
-Ya te avisé de que veníamos al campo – le reprende cariñosamente Saúl. Regina lo mira enojada y comienza a alejarse - ¿a dónde vas?
-Desde la avioneta vi que por aquí cerca había un camino, pienso plantarme en la orilla hasta que pase algún amable conductor que nos lleve hasta la casa. Estoy segura que pronto pasará algún carro – le dice convencida, sin detenerse.
-Regina, vuelve acá, puede haber animales peligrosos por ahí – le grita Saúl preocupado.
-Pues que ni se me acerquen, porque de lo contrario estos tacones me servirán para marcarlos como ganado – dice Regina con determinación, continuando con su camino. Saúl y el piloto la miran atentamente alejarse.
-Una señorita bien brava, si señor – dice el piloto. Saúl lo mira y le sonríe.
-No lo sabe usted bien – dice Saúl.

Tiempo después…

Saúl mira divertido a su hermana, que permanece con los labios apretados en un puchero de enojo, sin siquiera mirarlo. Los dos están sentados en la parte trasera de una carreta, tirada por una mula.
-Sí, tenías razón. Encontramos a un amable conductor… de mulas – dice Saúl divertido. Regina lo mira enojada.
-Todo esto es culpa tuya, por tu magnífica idea de no avisar de nuestra llegada – dice Regina enojada.
-Ya, no te enojes princesita, y mira la belleza que hay a tu alrededor – dice Saúl mirando a su alrededor embelesado. Pero de pronto su rostro se torna en preocupación cuando observa los campos baldíos, se vuelve hacia el campesino que guiaba el carro. -Oiga, ¿qué ocurre? ¿Por qué están estas tierras sin cultivar? – pregunta preocupado.
-Créame que no son las únicas, ahora solo se cultivan las zonas próximas a la casona – responde el campesino.
-¿Cómo así? Hace años todos estos terrenos estaban cultivados – dice preocupado.
-Asté lo dijo, hace años… lamentablemente hoy en día las cosas son muy distintas – dice el campesino con pesar.
-¡Qué extraño, el abuelo cuidaba sus tierras con esmero! ¿Por qué dejó que se abandonaran? – pregunta Regina intrigada.
-Desde que el señor Braulio falleció y su familia se fue, el patrón se volvió más huraño, descuidado… dejó de preocuparse de lo que sucedía en sus tierras – responde el campesino. Saúl respira hondo mientras mira a su alrededor.
-Eso pronto va a cambiar, se lo aseguro. Yo le devolveré a “La Poderosa” la vieja gloria de antaño – dice Saúl convencido. Regina le acaricia el brazo con cariño y apoya la cabeza en su hombro apenada. A ella también le dolía saber que apenas quedaba nada de la majestuosa hacienda en la que había pasado su infancia.

MÉXICO D.F.

-Así que Saúl está seguro de que heredará la famosa “La Poderosa” – dice Higinio (Humberto Zurrita) con interés, apoyando el codo en el brazo de la cómoda silla en la que estaba sentado.
-Sí, ¿quién si no? Es el único nieto varón de ese hombre, y según tengo entendido por aquella zona todavía consideran a las mujeres como seres inertes, incapaces de sacar adelante una hacienda – dice Julio (Otto Sirgo) removiendo el contenido de su taza de café. Los dos se hallaban sentados en una de las mesas de la elegante cafetería que se hallaba frente a la constructora Moncada. Higinio había ido esa tarde a ver a Julio a su despacho para platicar sobre lo sucedido la noche anterior, exigiendo una respuesta, y Julio le había propuesto que platicaran en la cafetería, donde estarían más cómodos. Julio le había asegurado que apenas había tenido tiempo de platicar con Regina puesto que esa mañana, muy temprano había partido junto a su hermano hacia “La Poderosa”.
-He escuchado hablar de esa hacienda, tengo entendido que es muy fructífera, y de una extensión envidiable – dice Higinio.
-Más que envidiable, diría yo – dice Julio bebe un sorbo de café y deja la taza sobre el platillo.
-O por lo menos la tenía hasta hace poco – dice Higinio – según las malas lenguas, esa hacienda ya no es ni la sombra de lo que era – añade. Julio lo mira intrigado.
-¿Y cómo sabes tú eso? – pregunta Julio. Higinio se encoge de hombros.
-Se lo escuché comentar a un cliente de la agencia que hacía poco tiempo había viajado por esas tierras – responde Higinio. Se inclina hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa – pero aún así, quienquiera que se convierta en dueño de esa hacienda, sin duda adquirirá una auténtica mina de oro – añade. 

LA PODEROSA

Modesta (Ana Martín) baja las escaleras del pórtico de la casona a toda prisa para recibir a los recién llegados. Saúl (Eduardo Santamarina)  es el primero en descender del carro.
-¡Dios mío, muchacho! ¿Por qué no avisaron de su llegada? – pregunta apurada al tiempo que lo abraza.
-¡Modesta, estás igual que siempre! – exclama Saúl sonriendo. Ella se aparta.
-Pero deje que lo vea joven, ¡mire no más en qué buen mozo se ha convertido con lo flaco y paliducho que era de muchacho! – exclama complacida provocando la risa de Saúl, que le pellizca con cariño la mejilla. Regina (Michelle Vargas) desciende del carro y se acerca a ellos tímidamente. Modesta se detiene a mirarla atentamente de arriba abajo.
-¡Válgame el cielo! ¿No me diga que esta belleza es la pequeña Regina? – pregunta Modesta emocionada. Regina se encoje de hombros con una sonrisa en los labios.
-Bueno, ahora ni tan pequeña – responde Regina. Modesta se apresura a abrazarla emocionada.
-Mi niña dorada, no sabe cuanto la he extrañado – exclama conteniendo las lágrimas. Se separa con una risa entrecortada por los brotes de llanto – era tan chiquita cuando se marchó, y lloraba tanto porque no quería irse… que se me rompió el alma al verla partir – añade emocionada.
-Ya Modesta, no llores… que si no, capaz y me pongo a llorar yo también – dice Regina emocionada.
-Ya, no se pongan a llorar como gallinas – dice Saúl situándose entre ellas y abrazándolas a ambas – que tenemos muchas cosas que hacer – añade comenzando a andar hacia la puerta, llevándolas consigo. - ¿Para qué nos mandó llamar el abuelo? – pregunta. Modesta se detiene y Regina y Saúl la miran intrigados.
-Su abuelo… se está muriendo… y quiere verlos – responde Modesta.

Regina (Michelle Vargas) observa conmocionada la gran habitación desde la puerta, apenas entraban unos pocos rayos de luz desde las ventanas cubiertas por los cortinones. El centro de la estancia estaba coronado por la gran cama sobre la cual yacía el anciano cuerpo de su abuelo; no puede evitar sentir que una honda tristeza invada su ser; lo recordaba como un hombre altivo, orgulloso, de fuerte carácter y lleno de vida. Pero también se le venían a la mente los momentos en los que la abrazaba y le contaba viejas historias, o cuando la enseñaba a montar a caballo. Mira a su hermano, que mantiene la mirada fija en la gran cama, con el semblante endurecido, él nunca le había perdonado a su abuelo su rechazo y abandono y ese rencor se reflejaba ahora en su dura mirada. Ella vuelve su mirada hacia su abuelo que parece comenzar a darse cuenta de la presencia de ellos en la habitación. Modesta (Ana Martín)  se adelanta unos pasos.
-Patrón, están aquí sus nietos – le informa. Bernardo (Carlos Bracho) abre los ojos y trata de incorporarse. Modesta lo ayuda, colocando varios almohadones tras su espalda.
-Dile que se acerquen – dice sofocado. Modesta asiente y alza la mirada para indicarle a los dos muchachos que se acerquen. Regina mira indecisa a su hermano, y éste le toma la mano y comienza a caminar hacia la cama, junto con ella.
-Abuelo – lo saluda Saúl (Eduardo Santamarina)  con una leve inclinación de cabeza, situándose frente a los pies de la cama. Él fija su mirada en él por unos segundos, antes de volver la mirada hacia Regina, que le muestra una tierna sonrisa.
-Hola abuelo – le dice con dulzura. Él le devuelve la sonrisa.
-Mi pequeña Regina ya es toda una mujer – dice él complacido. – Quiero hablar con los dos por separado, por favor ahora déjenme solo con mi nieta – añade. Modesta asiente, mientras que Saúl lo mira fríamente antes de salir sin pronunciar palabra. Modesta sale tras él, cerrando la puerta tras de sí.
-Pero acércate, no muerdo – dice Bernardo. Regina sonríe y se acerca para sentarse al borde de la cama, cerca de él.
-Ya sé que no muerdes, ni que fueras un perro – dice sonriendo mientras toma una mano de su abuelo entre las suyas, mientas que él no deja de mirarla con una tierna sonrisa.
-Lamento haberte dejado marchar hace trece años – dice don Bernardo – debí haber peleado más por tu custodia-  añade. Regina lo mira sorprendida. Según ella sabía, su abuelo le había exigido a su madre que se fuera con ellos y no volviera cuando se enteró de que mantenía un romance con un hombre de negocios que se hallaba de paso en el pueblo, solo tres meses después de la muerte de su padre. Hasta donde ella sabía su abuelo no quería saber nada de ninguno de ellos.
-¿Mi custodia? Pero… - comienza a decir extrañada.
-Sé lo que te dijeron, que ya no quise saber más de ti… que te boté de mi vida sin más… pero no hay nada de cierto en ello. Yo le peleé a tu mamá por tu custodia, quería que tú crecieras aquí, en estas tierras, junto a mí – dice Bernardo. Mientras ella escucha impactada – pero el esposo de tu mamá la ayudó a ganar el pleito… y entonces yo decidí olvidarme de que existías, porque no podía soportar el dolor de saberte lejos – añade.
-Pero… yo podría… quizás si hubieras platicado con mi mamá… - comienza a decir aguantando las ganas de llorar. Pero él niega con la cabeza.
-Hay muchas cosas que tú no sabes pequeña… yo sé que hice las cosas mal, pero mi orgullo me impide recoger las migajas cuando lo que quiero es la pieza de pan entera… es algo que nunca he podido corregir – dice Bernardo con pesar, comenzando a cansarse. Ese orgullo suyo lo había llevado a tomar decisiones demasiado drásticas que solo le habían traído dolor y amargura, y que ahora le pasaban factura. Pero no podía perdonar a su nuera por lo que había hecho, y en aquellos momentos el rencor y el dolor de la traición lo habían llevado a actuar así y ahora no había vuelta atrás, solo podía tratar de enmendar sus errores. -¿Podrás perdonarme por ello? – pregunta suplicante con dificultad. Regina le aprieta la mano con fuerza.
-Yo te perdono – dice ella emocionada y comienza a acariciarle la frente con cariño. – Pero ya no te canses abuelo, necesitas descansar – añade.
-Mi niña, quiero… quiero que me prometas algo – dice él con dificultad.
-Lo que quieras, abuelo – le dice, él toma una mano entre las suyas y la aprieta con las pocas fuerzas que le quedan.
-Prométeme que volverás a convertir esta hacienda en lo que era… júrame que le devolverás a “La Poderosa” su vieja gloria – le dice suplicante. Regina lo mira dudosa, sin entender por qué le pide eso a ella, si Saúl era quien iba a heredar la hacienda. Él vuelve a apretarle la mano – Júramelo – añade.
-Sí, yo te lo juro – dice ella al fin, le da un suave beso en la frente – yo te prometo que “La Poderosa” volverá hacer honor a su nombre; pero ahora descansa… - añade mientras observa como su abuelo comienza a cerrar los ojos para comenzar a descansar tranquilo, por primera vez en mucho tiempo.


Regina (Michelle Vargas) dejó que los recuerdos y la intuición la guiaran hacia la hermosa laguna cristalina, a donde solía  escaparse cuando era pequeña. Era su paraíso particular, donde siempre sentía que algo mágico la invadía. Y ahora necesitaba la paz y tranquilidad de aquel lugar más que nunca. Las palabras de su abuelo la habían afectado sobremanera, tanto que no había querido platicar con nadie, se había disculpado con Saúl y Modesta y les había dicho que necesitaba estar sola, que quería caminar por la hacienda. Saúl había tratado de hacerla desistir de sus intenciones alegando que hacía demasiado tiempo que no recorría la hacienda, que podría perderse, pero ella era mucho más terca y finalmente se había salido con la suya.
Su corazón dio un brinco de felicidad cuando a lo lejos divisó la hermosa laguna, que seguía tan bella y magnífica como siempre. Se acercó a la orilla emocionada y cerró los ojos para sentir la suave brisa sobre su rostro, mientras que los últimos rayos de sol iluminaban con intensidad el hermoso paraje. De pronto el ruido de unos cascos de caballos llamó su atención.
-¿Qué demonios hace en mis tierras? – preguntó una voz profunda a sus espaldas, ella volteó y alcanzó a ver un hombre a lomos de un caballo, apenas podía ver su rostro, ya que los últimos rayos de sol le daban en plena cara, limitándole la visión.
-Perdone caballero, pero está usted muy equivocado… aquí el único que está en tierra ajena es usted  – responde ella enojada ante su atrevimiento. Coloca una mano sobre los ojos, para tratar de verlo. El hombre se baja del caballo con un movimiento ágil y se detiene frente a ella, mirándola fríamente.
Regina siente que un nudo se forma en su garganta mientras que su cuerpo se paraliza al descubrir de quien se trata, ese rostro anguloso y endurecido, esa profunda mirada y esos cabellos negros que se movían al son del viento… era el hombre que había estado a punto de arrollarla aquella noche frente al restauran.

CAPÍTULO 2




CAPÍTULO II


Regina (Michelle Vargas)  sale del restaurante alterada, al fin le había gritado a Fabián todo lo que tenía guardado. Y lo peor de todo es que ella lo quería, o eso creía, lo quería a pesar de que para él no parecía ser lo suficientemente importante. Extrañaba al Fabián de antes, el que la había enamorado, el hombre atento y divertido que había sido al principio de su relación; pero ya nada quedaba de aquello y todo se había reducido a una aburrida rutina, sin emoción.
Está tan inmersa en sus pensamientos que cruza la calle apurada sin antes mirar. De pronto el sonido de un claxon la saca de su ensimismamiento y observa aterrada como un carro está apunto de arrollarla, cierra los ojos esperando el trágico desenlace, puesto que ya no había nada más que hacer, el coche ya estaba encima.
Vuelve a abrir los ojos al escuchar el brusco frenazo, y observa que el carro había logrado detenerse a escasos centímetros. Se queda paralizada, temblando como una hoja mientras la gente que paseaba en ese momento por la calle comienza a acercarse con preocupación. El conductor del carro por su parte, desciende del mismo y se acerca a ella alterado.
-¿Qué pasó está loca? ¿Es que no le enseñaron a mirar antes de cruzar? Es usted una demente – le grita furioso. Regina alza la mirada para ver al hombre que había estado a punto de arrollarla todavía aturdida. Su mirada la alteraba sobremanera, y una extraña sensación recorría su agitado cuerpo. Se quedó pasmada observando su atractivo rostro y sus cabellos oscuros, un poco largos para su gusto. Contempló al hombre que tenía en frente a ella y notó algo en él que le resultaba familiar, como si lo conociera de toda la vida.
Regina no puede apartar su mirada del hombre que había estado a punto de atropellarla, profundamente turbada. Mientras que él la mira a su vez, visiblemente enojado. La voz de Fabián (Carlos Ponce) rompe la magia del momento, se acerca a Regina corriendo con el rostro desfigurado por la preocupación.
-¡Regina, mi amor! ¿Estás bien? – pregunta preocupado al tiempo que la estrecha entre sus brazos. Regina lo mira, todavía aturdida y asiente con la cabeza. Él toma su rostro entre las manos y la mira de arriba abajo para comprobar si está bien ante la atenta mirada del hombre. – No tienes idea del susto que me diste, ¿cómo se te ocurre salir de ese modo del restauran?  – añade apurado mientras la revisa. Una vez hubo comprobado que Regina estaba bien, se dirige al hombre.
-Es usted un animal, un loco. ¿Cómo puede manejar de esa manera? ¡Ha estado a punto de arrollarla! – le grita encolerizado. El hombre le muestra una cínica sonrisa.
-Aquí la única que ha perdido la cordura me temo que es la señorita, se ha echado a la carretera sin mirar, dé gracias a que los frenos de mi carro son de lo mejorcito que hay en el mercado, porque de lo contrario ahora estaríamos lamentando una desgracia – dice Mauricio (Fernando Colunga) sin perder la calma, aumentando la furia de Fabián.
-¿Se cree muy listillo verdad? – Pregunta Fabián enojado – por lo menos discúlpese con la señorita  – añade.
-Yo no tengo nada de qué disculparme – responde Mauricio – y ahora hagan el favor de sacarse de el medio, porque tengo más cosas que hacer que soportar a dos histéricos – añade dirigiéndose al auto.
-¡Maldito infeliz! – exclama Fabián dispuesto a seguirlo para arreglar el asunto como hombres. Pero Regina se apresura a agarrarlo del brazo para detenerlo.
-¡Fabián por favor, déjalo! – exclama angustiada. Fabián la mira.
-Pero…  - comienza a protestar.
-Pero nada, por favor… vámonos, ¿sí? – pregunta suplicante. Fabián observa con rabia como Mauricio arranca el auto y se aleja a toda velocidad sin que él pueda hacer nada. Mira a Regina.
-¿Ves lo que provocas con tus numeritos? – pregunta Fabián enojado.  Regina se cruza de brazos y lo mira enojada.
-Muchas gracias por tu preocupación, y ahora ahí te quedas. Tengo que buscar un taxi – dice Regina y comienza a alejarse. Fabián decide seguirla.
-Ya bájale Regina, volvamos al restauran y te llevo a casa – dice.
-No, gracias. Se me ha pasado el hambre – dice ella sin detenerse. Fabián se detiene y la observa alejarse con impotencia. Definitivamente el carácter de su futura esposa iba a ser un inconveniente una vez estuviesen casados.

Al día siguiente…

Cecilia (María Sorté) cuelga el teléfono todavía tratando de asimilar lo que había escuchado al otro lado del hilo telefónico, el temor y la preocupación se reflejan en su rostro. Hacía demasiado tiempo que no tenía noticias del que fuera su suegro, y se había hecho a la grata idea de que él se había desentendido de su familia para siempre, pero parecía haber cambiado de opinión, don Bernardo quería ver a sus nietos de inmediato, era lo único que le había dicho Modesta.
Regina (Michelle Vargas) bajaba las escaleras en ese momento y se acerca a su madre para saludarla.
-Buenos días mamá – la saluda con un beso en la mejilla. -¿Ocurre algo? – pregunta preocupada, al ver el semblante serio de su madre. Cecilia la mira indecisa, no le hacía ninguna gracia que sus hijos regresaran a aquel lugar, pero sabía que ellos nunca le perdonarían su silencio.
-Llamaron de “La Poderosa”, vuestro abuelo quiere veros – responde al fin. Regina la mira impactada. Hacía muchos años que no veía a su abuelo, desde que se fueran de la hacienda para no volver, casi catorce años atrás. Ya casi no tenía recuerdos de su vida en “La Poderosa”, es más, había olvidado completamente su existencia hasta ese momento.
-¿Y para qué quiere vernos después de tantos años? – pregunta al fin, intrigada. Cecilia se encoge de hombros.
-No lo sé, hija, no lo sé – responde Cecilia con resignación. Regina la mira alarmada.
-¿Será que el abuelo se está muriendo? – pregunta angustiada.

CONSTRUCTORA MOLINA

Saúl (Eduardo Santamarina) leía el diario, tratando de mantenerse sereno, en la sala de espera de la constructora del licenciado Molina. Sabía de buena mano que esa mañana el licenciado tenía prevista una reunión con su misterioso socio, que todavía nadie conocía; pero desconocía la hora a la que tendría lugar. Saúl miró su reloj y dejó el diario sobre la mesa con cierta violencia, ante la disimulada mirada de la secretaria.
-Ya le dije que el licenciado no lo podría atender hasta dentro de una hora, y menos sin haber avisado de su visita  – dice la mujer.
-Y yo ya le dije que no me importaba esperar – replica Saúl molesto. Se acerca a la mesa y se inclina sobre la secretaria, apoyando las manos sobre el escritorio, intimidando a la mujer. – Dígame una cosa, ¿está reunido con su socio cierto? – pregunta deleitando a la mujer con una amable sonrisa. La mujer traga saliva con dificultad, era evidente que aquel hombre le resultaba tremendamente atractivo, era un verdadero festín para sus ojos tenerlo tan cerca. Lo mira embriagada al tiempo que asiente con la cabeza. Él sonríe satisfecho y se incorpora para dirigirse a la puerta del despacho.
-Espere, ¿a dónde va? – Pregunta la secretaria incorporándose – usted no puede, señor Montesinos, señor… - se acerca a él desesperada,  tratando de impedirle la entrada, pero Saúl la esquiva con suma facilidad y abre la puerta del despacho, haciendo que los dos hombres que se encontraban dentro se incorporaran alertados por la intromisión.
-¡Señor Montesinos, como osa entrar así en mi despacho! – exclama el licenciado enojado. Pero Saúl parece no darse cuenta de su pregunta, ya que tiene la mirada fija en su acompañante, como si hubiera visto un fantasma.
-¿Tú? – pregunta al fin, con rabia contenida. Mauricio (Fernando Colunga) lo mira desafiante, con una burlona sonrisa en sus labios. Sabía que tarde o temprano Saúl descubriría que él era el misterioso socio del licenciado Molina y estaba preparado para ello. Estaba disfrutando enormemente de ese momento en ese instante, solo el ver la cara de Saúl al descubrir la verdad merecía el dinero que había invertido en esa constructora.
-Vaya, señor Montesinos, veo que con el tiempo ha perdido la compostura que lo caracterizaba – dice Mauricio con un deje de burla en su voz.
-Así que eras tú, tú estabas detrás de todo este complot, debería haberlo sospechado… aunque como iba a creer que un pelafustán como tú pudiera llegar a gozar de una buena situación económica  – dice Saúl con frialdad.
-Créame si le digo que mi situación es mucho mejor que buena – dice Mauricio. Si las miradas pudiesen matar, en aquel momento dos hombres yacerían en el suelo.
El licenciado y su secretaria intercambian miradas de incertidumbre, todo parecía indicar que esos dos hombres se conocían desde antes, y no solo eso, era evidente que se detestaban.
-Señores, lamento interrumpirlos, pero… - comienza a decir el licenciado.
-No se preocupe licenciado, yo ya me iba. Llámeme si necesita algo – dice Mauricio sin dejar de mantenerle la  fría mirada a Saúl. Se acerca a la puerta – atienda al señor Montesinos, el pobre parece estar… desesperado por hablar con usted – añade con burla. – Y con respecto a usted, señor Montesinos, hasta la próxima – le dice. Saúl se ríe sin humor.
-Por lo que a mí respecta, espero no volver a cruzármelo en la vida – dice Saúl iracundo.
-Lamento no poder complacerlo, me temo que a partir de ahora nuestros caminos se cruzarán más a menudo de lo que me gustaría – dice Mauricio.
 Saúl se acerca a él, encarándolo, amenazante.
-No te cruces en mi camino desgraciado, porque si no te juro por lo más sagrado que no descansaré hasta destruirte – le dice con furia. Mauricio se ríe y le da unas palmaditas en el hombro.
-Inténtelo, pero me temo que esta vez no le será tan sencillo – dice Mauricio, mira a su socio haciéndole una inclinación con la cabeza a modo de despedida y sale del despacho, seguido por la secretaria. Saúl apuña la mano con rabia mientras lo mira alejarse. Todo el odio, que creía enterrado, había regresado con más fuerza todavía. Mauricio Galván era el ser que más despreciaba en esta vida, y ahora regresaba a su vida como si de una pesadilla se tratase.

MANSIÓN SOTOMAYOR

Fabián (Carlos Ponce) baja las escaleras apurado, terminando de abotonarse las mangas de la camisa. Otra vez se había quedado dormido y llegaba tarde a la agencia, y todo por culpa de la mala nochecita que había pasado debido a la escenita de Regina. Desde luego su novia era de lo más infantil; si no fuera porque sabía que era lo mejor para todos, se lo habría pensado dos veces antes de iniciar una relación con una muchachita tan loca e inmadura.
Se acerca al perchero para alcanzar su chaqueta; agarra su maletín dispuesto a salir a toda prisa cuando la puerta de la biblioteca se abre.
-¿Otra vez tarde Fabián? – pregunta Higinio (Humberto Zurrita)  escrutándolo con la mirada.
-Papá, no sabía que estabas aquí – responde Fabián con cierta incomodidad. – Disculpa la demora, pero es que no he pasado buena noche… te juro que no volverá a pasar – añade.
-Eso dijiste la última vez – dice Higinio acercándose a él. Apoya las manos sobre sus hombros – hijo, eres un excelente publicista, pero te falta disciplina… y no se puede dirigir una empresa como la nuestra sin disciplina – añade.
-¿Qué estás tratando de decirme? – pregunta Fabián intrigado.
-No te apures, hijo, solo te estoy advirtiendo. Cuando te cases con Regina las acciones de su padre en la empresa pasarán a ser tuyas y en un futuro no muy lejano te convertirás en el presidente exclusivo de la misma. Así que toma conciencia, y asume tus responsabilidades, ningún trabajador tomará en cuenta un jefe que es incapaz de cumplir con su horario – responde Higinio pausadamente. Fabián asiente sin decir nada, sabía todo lo que su padre esperaba de él, era lo único para lo que éste se había dirigido a él. Nunca había tenido de su padre palabras de consuelo ni afecto paternal, solo férrea disciplina y largos sermones acerca de cómo convertirse en un hombre de provecho. – Hablando de Regina – continúa su padre - ¿qué tal te fue ayer con ella? – pregunta.
-Mal papá, mal – responde Fabián – se enojó porque dice que últimamente no le presto atención suficiente, ¿te puedes creer que me montó un espectáculo en el restauran delante de todo el mundo? – pregunta molesto.
-Esa muchacha siempre ha tenido mucho carácter. Eres tú quien debe aprender a dominarla – responde Higinio, padre e hijo comienzan a caminar hacia la puerta – las mujeres pueden llegar a ser muy problemáticas, pero las satisfacciones que pueden darnos compensan cualquier percance que puedan ocasionar – añade.
-Si tú lo dices… - dice Fabián no muy convencido. Los dos salen al porche.
-He pensado que quizás vaya siendo hora de fijar la fecha de vuestro matrimonio – dice Higinio. Fabián se detiene y lo mira sorprendido.
- ¿Matrimonio? ¿Tan pronto? – pregunta aturdido.
-Pues claro, ya llevan varios años de noviazgo, y sabías que la boda era algo inevitable – responde Higinio.
-Lo sé, lo sé… solo que no veo a Regina preparada para convertirse en mi esposa, ni a mí mismo me veo preparado – dice Fabián.
-Para el matrimonio nunca se llega a estar preparado del todo, hijo. Pero confío en que sepas llevar la situación – dice Higinio. – Ya se lo he comentado a Julio, así que solo falta que le hagas la proposición a Regina, podrías aprovechar la fiesta de esta noche para hacerlo… es tu deber  – añade.
-Está bien papá, haré lo que me pides… le pediré matrimonio a Regina, y que sea lo que Dios quiera – dice Fabián con resignación.


MANSIÓN MONCADA

La criada le abrió la puerta de entrada a Saúl (Eduardo Sanramarina), quien entra apresurado en la casa. Todavía le temblaba el cuerpo de la rabia, que trataba de contener. No quería pagar con su familia su mal humor. Aspiró hondo, tratando de calmarse.
-¿Dónde está mi madre, Chela? – pregunta  al fin. La sirvienta se dispone a contestar cuando Regina (Michelle Vargas)  baja las escaleras corriendo para abrazarse a su hermano, que la alza en brazos. Olvidándose él en aquel momento de todos sus demonios.
-¡Saúl que bueno que viniste! – exclama emocionada abrazándose a él.
-¿Cómo está mi princesita? – pregunta él sonriendo.
-Estaría mejor si vinieras a vernos más a menudo – responde mirándolo ceñuda, al tiempo que le da un suave golpe en el hombro.
-Ya, no te enojes. Sabes que últimamente estoy muy ocupado con la constructora – se defiende Saúl.
-Está bien, aceptaré tus excusas, pero que sea la última vez – dice Regina. Mira a Chela – puede retirarse Chela – añade. La mujer asiente y se aleja sigilosamente.
-¿Dónde está mamá? Me llamó porque tenía algo urgente que decirme – dice Saúl preocupado.
-Ah, sí… se trata del abuelo – dice Regina. Saúl la mira extrañado.
-¿El abuelo? – pregunta.
-Sí, nos ha mandado llamar… al parecer quiere que viajemos a la hacienda cuanto antes – responde Regina.
-¿Con qué motivo si él ya nos apartó de su vida y nos desheredó? – pregunta Saúl intrigado. Regina se encoge de hombros.
-No lo sé, es todo un misterio. Aunque tanto mamá como yo creemos que quizás el pobre se esté muriendo – responde Regina apenada. Saúl la mira fijamente mientras que una especie de satisfacción comenzaba a inundarlo, si su abuelo los había llamado, probablemente se habría arrepentido de desheredarlos… en ese caso, seguramente  lo nombrará a él heredero, y le legaría la hacienda que tanto anhelaba… no es que no sintiera pena por su abuelo, ya que en el pasado lo había querido mucho, pero ahora era distinto, lo había desterrado de su vida y lo único que podría interesarle de él era “La Poderosa”.


Mauricio (Fernando Colunga)  entra en su lujoso apartamento, se quita la chaqueta y la tira sobre el  moderno sofá tapizado mientras comienza a desabrocharse los primeros botones de la camisa. Todavía no se acostumbraba a vestir con traje de chaqueta, él sería mucho más feliz con sus vaqueros y camisas ajustadas, pero ahora era un importante hombre de negocios y debía mostrar una imagen impecable. Se mesa el pelo mientras se acerca al mueble bar para servirse un trago, ya que lo necesitaba desesperadamente después de su encuentro con Saúl Montesinos. Se consideraba un hombre frío, capaz de mantener sus impulsos y emociones bajo control, pero le había costado sobremanera mantenerse inalterable ante ese patán. No comprendió  cuanto lo odiaba hasta que lo tuvo enfrente de nuevo, nunca podría perdonar todo lo que pasó por su culpa y por la de su familia. Pero ahora él era un hombre poderoso, y había regresado con una única misión: destruir a los Montesinos como ellos lo hicieron con él en el pasado.
El sonido de su celular lo libró de sus pensamientos momentáneamente.
-¿Bueno? – Responde – ah, sí… ¿cómo estás Aura? – pregunta sin mucho entusiasmo.

MIAMI, FLORIDA

Una espectacular mujer camina contoneando sensualmente sus caderas por una de las más concurridas calles de Miami, viste de forma provocativa con un corto vestido de gran escote de color blanco, resaltando su bronceado. Varios hombres voltean para mirarla, mientras camina platicando por su celular.
-Ay pichurrín, ¿Qué cómo estoy? Echándote muchísimo de menos. ¿Cuándo regresas?

MÉXICO D.F.

Mauricio entra en su recamara platicando con el celular.
-Ya te dije mil veces que había regresado a México para quedarme, deberías aprender a escuchar cuando te hablan – dice él molesto sentándose sobre la cama.

MIAMI, FLORIDA

-Ay, pero no te enojes pichurrín… es que tengo muchas ganas de verte, además mi papito lindo ya tiene ganas de conocerte – dice ella (Mariana Seoane)  con tono meloso.

MÉXICO D.F.

-Aura, entre tú y yo no hay nada serio… ¿por qué le platicaste a tu papá? – pregunta enojado mientras comienza a descalzarse.

MIAMI, FLORIDA

-Ay, pero yo te amo… ¿qué no me crees? Por ti sería capaz de combinar el rosa con el fucsia – dice con mimo.

MÉXICO D.F.

Mauricio resopla con cansancio. Definitivamente no había sido buena idea haber iniciado un romance con Aura, pero era una mujer demasiado hermosa y sensual como para resistirse; y ahora pagaba las consecuencias. Era raro el día que no lo llamaba, y le recordaba cuanto dis que lo amaba. Pero en el fondo, le había tomado cierto aprecio, después de todo, ella soportaba su mal humor estoicamente y aunque su conversación no fuera la más interesante, siempre estaba dispuesta a reconfortarlo.
-Aura… ahora tengo muchas cosas que hacer, mejor platicamos otro día, ¿Sí? – pregunta. Escucha con paciencia la despedida colmada de súplicas y palabras de amor de Aura antes de colgar, deja el celular a un lado y se tumba sobre la cama. Tenía que calcular sus movimientos con cautela, ya había dado los primeros pasos en sus planes de venganza y por ahora todo iba saliendo a pedir de boca, pero ahora todo seria más complicado puesto que Saúl ya estaba prevenido de su regreso y seguramente se andaría con mucho ojo.

Al anochecer

MANSIÓN PEÑALVER

Ya se hallaban en la mansión casi todos los invitados para festejar el aniversario de boda de los señores Peñalver, una adorable pareja  muy apreciada en la alta sociedad mexicana. Eran dueños de la mayor empresa de importación de hidrocarburos de todo México y Horacio comenzaba a hacer sus pinitos en la política, ya que había sido elegido diputado del Congreso. Por lo mismo para muchos era muy importante mantener una buena relación con la familia, ya que gozaban de mucha influencia en el panorama social y político del país.
El matrimonio recibía a los invitados en el vestíbulo junto con su hija menor, Zoraida (Ingrid Martz),  todavía soltera; que esperaba con ansia cualquier tipo de evento social para tratar de encontrar marido.
Saúl (Eduardo Santamarina)  y Nereida (Bárbara Mori) entraron por la puerta, los dos impecablemente vestidos. Saúl con un elegante smokin que se ceñía a la perfección a su musculoso cuerpo, mientras que Nereida se había decantado por un diseño exclusivo que su marido le había regalado por su último cumpleaños que consistía en un vestido largo sin mangas de color champagne, ceñido hasta la cintura, para luego caer en forma de cascada hasta los pies, lucía una gargantilla de  finas perlas a juego con los pendientes, mientras que el pelo lo llevaba recogido en un elegante moño. Se acercan al matrimonio para saludarlo galantemente.
Nereida no puede evitar sentirse incómoda al ver como Zoraida mira a su esposo, para pocos era un secreto el interés que mostraba la muchacha en Saúl, la muy descarada se la pasaba coqueteándole en las fiestas sociales sin importarle que su mujer estuviera delante. Pero Saúl parecía no darse cuenta de las intenciones de la muchacha, puesto que solo tenía ojos para su esposa, y eso lo sabía hasta la propia Zoraida.
-Te ves muy hermosa esta noche, Zoraida- le dice Saúl. Ella sonríe.
-Siempre tan galante, Saúl – dice ella coqueta – más tarde te busco para que me saques a bailar – añade.
-Esperaré el momento con ansias – dice él galantemente antes de darle un beso en la mano. Nereida lo agarra disimuladamente del brazo, pegándose a él.
-Mi amor, vamos a ver si ya llegaron tus padres – dice ella sin dejar de mostrar su mejor sonrisa.
-Oh, sí, me parece que llegaron hace un rato – interviene Horacio.
-Gracias – dice Saúl mientras se aleja con su esposa hacia el gran salón donde se hallaba la mayoría de los invitados.
-Ay que ver, esa muchacha es cada vez más descarada – dice Nereida molesta.
-Vamos, ¿no me digas que estás celosa? – pregunta Saúl sin poder ocultar su satisfacción.
-No, lo que estoy es indignada. Me parece una falta de respeto hacia mi persona – responde ella enojada. Saúl se detiene y se coloca enfrente a ella.
-No hagas caso, mi amor, sabes que yo solo tengo ojos para ti – dice él. Nereida sonríe levemente y él se acerca a ella para besarla. Mientras Zoraida observa la escena desde lo lejos sin poder ocultar su rabia.


Regina (Michelle Vargas) respiró hondo una vez fuera, había decidido salir al jardín para despejarse un rato. Necesitaba estar sola, para pensar en su futuro, al día siguiente partiría a “La Poderosa” junto a su hermano y las cosas con Fabián no se habían arreglado, es más, ya ni siquiera sabía si quería arreglarlas. Su relación se había vuelto gris, monótona. Ya no sentía la misma emoción al verlo, ya no la hacía suspirar ni contaba las horas para verlo; es más en los últimos meses se la pasaba discutiendo con él. Cada vez que hablaba con su madre sobre el asunto, ella le decía que el amor era así, al principio era como un ciclón que te arrastraba y te hacía sentir mil emociones diversas, pero que luego la cosa se calmaba y daba paso al cariño, a la costumbre. Pero ella no se resignaba, ella quería vivir un amor como el de las novelas que leía por las noches, en la que los protagonistas sentían una verdadera pasión el uno por el otro que lejos de extinguirse, aumentaba día a día. Ella quería sentir lo que sentían las heroínas de sus libros cada vez que veían a su enamorado, ese hormigueo en el estómago, esa sensación de delirio y de irrealidad, esa pasión arrolladora que las llevaba a los brazos del ser amado a pesar de todos los obstáculos. Eso era lo que ella quería, ¿acaso era mucho pedir?
El sonido de unos pasos acercándose la aparta de sus pensamientos, voltea para saber de quien se trataba y vuelve la vista al frente defraudada.
-¿Qué quieres? – pregunta molesta.
-Quiero hablar con la mujer de mi vida, ¿es eso posible? – pregunta Fabián (Carlos Ponce)  caminando hacia ella, con las manos hundidas en los bolsillos, hasta colocarse a su lado.
-Pues no la he visto por aquí, prueba a buscarla en el salón – responde ella con indiferencia.
-Regina – dice él agarrándola suavemente por el brazo para volverla hacia él – no puedes pasarte toda la vida enojada conmigo – añade. Ella lo mira alzando la ceja con curiosidad.
-Pruébame y verás – le dice desafiante.
-Está bien, lo siento – dice él.
-¿El qué sientes? – pregunta Regina con curiosidad.
-Siento haberte desatendido todo este tiempo, siento no haber entendido tu malestar – responde comenzando a acercarse a ella, hasta quedar separados por escasos centímetros, toma su cara entre las manos, mientras que ella lo mira expectante – y siento no haberte dicho más cuanto te amo – le da un beso en los labios – ni cuanto te deseo-  vuelve a besarla – y que eres la mujer de mi vida – añade.
-¿Y cómo sé que todo lo que dices es cierto? – pregunta ella haciendo un puchero. Él sonríe.
-Esta noche te voy a demostrar cuan importante eres para mí – dice él antes de volver a cubrir los labios de ella con los suyos en un suave beso,  ella se deja llevar y entreabre sus labios para dejar que él la explore a su antojo mientras le rodea el cuello con sus brazos. Fabián baja sus manos hasta rodearle la cintura y apretarla más hacia él mientras profundiza en el beso que se va volviendo más apasionado por momentos.

La pareja continúa con su apasionado beso ajena a los dos espectadores que los observaban desde la puerta del jardín.
-Ya sabía yo que Regina no tardaría en perdonarlo – dice Cecilia (María Sorté) emocionada.
-Son cosas de muchachos, yo estaba seguro de que pronto se arreglarían  – dice Higinio (Humberto Zurrita) con satisfacción.
-Hacen tan linda pareja – dice Cecilia entusiasmada – no sabes las ganas que tengo de que se casen y me den nietos, ya que parece que Saúl y Nereida no están por la labor – añade con cierta tristeza.
-No te preocupes por eso. Voy a confesarte algo – dice Higinio. Cecilia lo mira intrigada – esta noche Fabián va a pedir a Regina en matrimonio frente a todos – añade.
-¿En serio? – pregunta Cecilia entusiasmada. Higinio asiente satisfecho. - ¡Qué emoción! No pensé que fuera tan pronto – añade emocionada.
-Para qué retrasar lo inevitable. Tengo que reconocer que Fabián no estaba muy por la labor, pero al fin logré convencerlo. Él sabe que es lo mejor para las familias y para la empresa – dice. Cecilia sonríe.
-Yo estoy segura de que mi hija no podría encontrar a nadie mejor que tu hijo – dice convencida.
-Te aseguro que no – afirma Higinio - ¿entramos? – pregunta ofreciéndole el brazo.
-Claro – responde Cecilia aceptándolo para entrar junto a él. Los dos entran en la abarrotada sala sin percatarse de que alguien estaba junto a la puerta, alguien que había escuchado toda su conversación.
-Así que lo mejor para las familias y para la empresa… - repite Camila (Ana Serradilla) sin poder ocultar su indignación – ¡menuda panda de hipócritas estirados!


Julio (Otto Sirgo) platicaba con Saúl (Eduardo Santamarina) frente a la mesa de bebidas, éste último lo escuchaba como ausente, mientras bebía una y otra vez de su copa. Julio se calla de pronto al notar que su hijo no le estaba prestando atención, molesto agarra su copa y la deja sobre la mesa.
-Pero, ¿qué haces? – pregunta Saúl molesto.
-Estoy cansado de hablar para el aire – responde Julio - ¿quieres decirme de una vez qué demonios te pasa? – pregunta.
-Estaba pensando en la constructora – responde Saúl.
-Si es por el proyecto del centro comercial, ya no te preocupes. Esas cosas pasan más a menudo de lo que crees – dice Julio.
-Lo que me preocupa no es el proyecto, sino lo que puede venir después – dice Saúl volviendo a agarrar su vaso para darle un trago. Mira a Julio y posa una mano sobre su hombro – pero ya no me hagas caso – añade. – Por cierto, probablemente en los próximos meses no pueda hacerme cargo de la vicepresidencia – añade.
-¿Tanto tiempo esperas pasar con tu abuelo? – pregunta Julio.
-No, precisamente. Si el abuelo se decidió a llamarnos a Regina y a mí, probablemente sea porque esté en las últimas… y si los cálculos no me fallan, muy pronto me convertiré en el nuevo dueño de La Poderosa – responde con satisfacción.
-He oído mucho hablar de esa hacienda, ¿de veras es tan magnífica como se dice? – pregunta Julio.
-Te aseguro Julio, que no hay palabras para describirla – responde Saúl – posee los parajes más hermosos, las tierras más fértiles y productivas – se ríe – estoy seguro que cualquiera de los aquí presentes matarían por tenerla – añade. Julio se ríe.
-Entonces, te felicito hijo – dice posando una mano sobre su hombro.
-No sabes cuanto tiempo he esperado este momento… - dice Saúl antes de beber un sorbo el contenido de la copa.

 Regina (Michelle Vargas)  y Fabián (Carlos Ponce) entran de la mano, sonrientes en la abarrotada sala. Camila (Ana Serradilla) se acerca a ellos.
-Hola – los saluda, mira a Fabián - ¿te importa si te la robo un segundito? – pregunta.
-No, adelante. Además yo tengo algo muy importante que hacer – responde Fabián guiñándole un ojo a Regina, le da un suave beso en los labios antes de perderse entre la gente. Regina lo observa alejarse sonriendo, mientras que el rostro de Camila refleja el desagrado que le causa. Regina mira a su amiga.
-Dime, ¿en qué puedo ayudarte? – pregunta Regina.
-Más bien soy yo la que te voy a ayudar a ti – responde Camila.
-¿Qué es lo que sucede? – pregunta Regina preocupada.
-Regis, sé que esto no te va a gustar nada de nada, pero yo como tu mejor amiga, me veo en la obligación de decírtelo – responde Camila.
-Ay, ya Camila habla, me tienes en ascuas – dice Regina intrigada.
-Esta noche Fabián va a pedirte que te cases con él – dice Camila.
-¿De veras? – pregunta Regina emocionada.
-Espérame, que todavía no he acabado – responde Camila- si te lo va a pedir, no es porque te quiera… es porque se lo mandó su papá, mi Regis todo esto no es más que una farsa, una maldita farsa por el bien de la empresa y las familias. Yo misma lo escuche cuando platicaban tu mamá y su papá  – añade con pesar. Regina la mira sin poder dar crédito a lo que escucha mientras que de pronto comenzaba a ver todo de modo más claro. Todo comenzaba a encajar a la perfección.

-Atención, les ruego me permitan un momento – anuncia Fabián (Carlos Ponce), se ha subido al improvisado escenario donde se encontraba tocando la orquesta, que en ese momento había cesado de tocar. Todo el mundo se gira para mirarlo – quería aprovechar esta agradable reunión de amigos para hacer algo muy importante para mí – añade. – Me gustaría que mi adorada Regina, la mujer de mi vida, subiera aquí conmigo – añade. Todo el mundo se gira hacia donde se encuentra Regina, acompañada de Camila, sin saber qué hacer.
-No subas, mi Regis – le susurra Camila. Regina mira a su amiga por unos segundos y comienza a caminar hacia el escenario, ante la asustada mirada de su amiga, con la mejor de sus sonrisas.
Fabián le tiende la mano, que ella acepta encantada, para ayudarla a subir. Una vez arriba, él se arrodilla frente a ella, provocando una exclamación de regocijo entre los presentes. Cecilia (María Sorté) observa la escena emocionada, se agarra al brazo de su esposo (Otto Sirgo) y lo aprieta con cariño, éste por su parte no parece muy convencido de lo que está sucediendo.
Nereida (Bárbara Mori)  se acerca a su esposo (Eduardo Santamarina) que observa la escena apoyado en una de las columnas situadas al fondo del gran salón, mientras toma una copa.
-Vaya, parece que a tu hermanita al fin se le hizo – dice ella con burla. Saúl la mira algo molesto.
-Estoy por asegurar que en estos momentos te estás muriendo de envidia – le replica sonriendo cínicamente. Nereida se cruza de brazos y le da la espalda, para continuar observando lo que sucedía sobre el escenario.
-Regina, sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida… estos tres años junto a ti han sido los más maravillosos de mi vida – le dice. Se lleva la mano al bolsillo para sacar una pequeña cajita forrada de terciopelo rojo – por eso mismo, quiero preguntarte si me harías el inmenso honor… de ser mi esposa – añade abriendo la caja, para mostrarle un fabuloso anillo de compromiso. Regina lo mira por unos segundos sin decir nada, lo que comienza a poner nervioso a Fabián. Finalmente ella toma el anillo entre las manos ante la complaciente mirada de los invitados; lo mira unos segundos.
-Bonito anillo – dice complacida. Mira a Fabián – lástima que no me lo vaya a poner en la vida, porque nunca voy a casarme con un  imbécil y un cobarde como tú Fabián Sotomayor, ¿me has oído bien? NUNCA – exclama alzando la voz antes de lanzarle el anillo provocando el desconcierto y la estupefacción general de los presentes. Fabián se queda paralizado, sin saber qué decir o qué hacer, mientras observa anonadado como ella baja del escenario y se va corriendo del lugar.